Romería de ilusiones

Sé muy bien que soné como un hombre incoherente

al decir que un amor, de rostro incandescente,

había germinado de manera imprudente

en mi ser, al mirar tu belleza eminente;


porque en el mundo nadie ha logrado entender

que simientes sin lluvia también pueden crecer;

porque existen milagros y consiguen hacer

una casa (en el alma del hombre) a la mujer.


Después tuve que irme cargando con mi sueño

a un lugar que estuviera lejano de mi empeño,

para olvidarme al fin de tu cráter risueño

y de la idea vana de sentirme tu dueño.


Tuve que conformarme con la triste alegría

que encuentro cuando lleno mi alma de poesía

y busco las sonrisas entre una romería

de ilusiones, de anhelos, de musa y fantasía.


No he podido abolir las leyes del amor

ni la llegada cruel de este infame dolor

que asesinó en mis manos al bello ruiseñor

que trinaba poemas convertidos en flor.


Aunque las esperanzas se expandan por mi mente

como luz que se cuela en la hendija silente,

como luz que entra angosta y se ancha rápidamente,

no podré realizar mi quimera candente,


no podré transgredir las leyes del rencor

ni podré marchitar las rosas del amor,

porque siempre el cerebro, hundido en el temor,

traerá tu figura a mi mundo interior.


Pero, aunque esto se diera así, no lo soslayes,

no cierres tu mirada si me ves en las calles,

no borres de tu mente los sencillos detalles

que te hiciera este hombre que te ama aunque le falles.


Entiende que si el agua está ligada al río

y el sol incandescente al cielo y al estío,

que si la negra noche combina con el frío,

también tu corazón combina con el mío.


No basta con decir que te has enamorado

si bautizas tu amor como edén clausurado,

no importabsi mi amor ha sido rechazado

y enterrado por siempre en criptas del pasado.


Con aquel vilipendio murieron mis quimeras

y al ver que tú, cual ave en lejanas fronteras,

andabas como en busca de nuevas primaveras,

me vi en la obligación de olvidar tus caderas.


Ese día me fui de la mano de Erato

y salí como en búsqueda de un mundo de boato

que me hiciera sacar de mi pecho ese flato

dado por tu desaire y tu orgullo insensato.


Porque borrar no pude ya de mi florilegio

los versos esculpidos para tu rostro regio

ni pude liberarme del viejo sortilegio

que me llevara a ti sin ningún privilegio,


porque tú marchitaste lo que aún no afloraba

cuando tu corazón dijo que no me amaba.

Si sospecharas cuánto yo quería y buscaba

un beso de la boca que un beso me negaba.


No podré transgredir las leyes del rencor

ni podré marchitar las rosas del amor,

porque siempre el cerebro, hundido en el temor,

traerá tu figura a mi mundo interior.


Pero, aunque esto se diera así, no lo soslayes,

no cierres tu mirada si me ves en las calles,

no borres de tu mente los sencillos detalles

que te hiciera este hombre que te ama aunque le falles.


Alcancé los confines de mi triste coherencia

y el pobre corazón se abismó en la falencia

que acaba con los valles verdes de mi existencia,

cuando tú me privaste de tu grata presencia.


No sé por qué la tarde nos llegó antes que el orto

ni por qué los ensueños conocen el aborto

o por qué el protocolo no puede ser más corto

o por qué no me dices lo poco que te importo.


No podré transgredir las leyes del rencor

ni podré marchitar las rosas del amor,

porque siempre el cerebro, hundido en el temor,

traerá tu figura a mi mundo interior.


Pero, aunque esto se diera así, no lo soslayes,

no cierres tu mirada si me ves en las calles,

no borres de tu mente los sencillos detalles

que te hiciera este hombre que te ama aunque le falles.


Fecha: No registrada 

Estructura: Cuadernavía

Pablo Bejarano en 2013


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