Colonización

Hay una caravana 

de carabelas y viene sobre el mar,

por una ruta arcana 

que desea cruzar 

en busca de otra tierra peculiar. 


Vienen de trecho en trecho

devorando las aguas y el levante;

un ominoso hecho,

algo que es indignante

se dará en esta tierra deslumbrante.


De "tierra" se oye el grito 

cuando miran la barba de las playas;

el júbilo infinito,

el ansia de medallas

hacen que llamen "indios" a los mayas.


Viene la expedición 

a mancharnos con todas sus injurias,

a hacer devastación,

a bañar de penurias,

a iniciar un suplicio de centurias.


Hay oro en profusión 

y un edén de riquezas asombrosas,

hay una población 

de razas poderosas 

que piensa defender todas sus cosas.


Hacia el Reino de España

vuelven las carabelas de Colón;

preparan su artimaña,

su infinita ambición 

y explican a la corte su misión.


Un día nuevamente 

el enjambre de barcos se acercaba,

invadido por gente 

que ahora conminaba 

a proscribir la paz que aquí reinaba.


Oprobios y exterminios 

y guerras empezaron a invocar;

todos los vaticinios 

decían que del mar

llegaría una fuerza de matar.


Nicarao y Umán 

con su tótem y llenos de valor,

en la contienda dan

la vida, con dolor,

pero muestran su furia al invasor. 


La tétrica ambición 

que aja la primavera de este mundo 

lleva a la perdición 

a un pueblo furibundo,

lo conduce a un crepúsculo rotundo.


Estupros, genocidio,

batallas, ignominias y maldad,

hicieron un presidio 

sobre la libertad 

y llenaron el sol de iniquidad. 


La pirámide llora

como llora el futuro de esta tierra,

la patria pecadora

les vino a hacer la guerra

y solo encuentra paz sobre la sierra...


Ahora el continente

es otra España, bella y renovada,

y dos gamas de gente

libre y esclavizada 

caminan juntas en la misma estrada,


y la calamidad 

y los ríos de llanto derramado,

el alud de maldad

y ese cruento pasado 

son suelo en el que hemos germinado...


Son ya quinientos años 

de perpetrada toda la invasión 

y todos esos daños 

hieren el corazón,

pero nos dieron forma e ilusión. 


Y ya nada es lo mismo;

los españoles vivos de hoy en día 

y los de cataclismo 

y aquella tiranía 

han roto ya sus lazos, ¡qué alegría!


Y los americanos 

no olvidamos el llanto y el suplicio,

pero damos las manos

para que el armisticio 

nos permita estar libres de prejuicio.


Hoy tenemos de España 

el canto poderoso de Darío,

una que otra espadaña 

de barroco sombrío 

y ciudades de antiguo poderío.


A la vez conservamos

pirámides inmensas como el cielo 

y pueblos soberanos

que siente por el suelo

el fervor que sintiera nuestro abuelo.


Es nuestra cicatriz 

un crisol de culturas y de razas:

el hombre de maíz 

y el de barro: las casas

son de dos continentes que se abrazan,


pero si el español 

continúa sintiéndose orgulloso 

del ayer, bajo el sol 

su orgullo desastroso 

quemaremos con furia y sin reposo.


Fecha: 16/10/2014

Estructura: Lira

Pablo Bejarano en 2014


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