Girasol cosmonauta e incandescente,
eterno peregrino de años-luz,
vistes con tu esplendor el cielo ingente
y rugiste en la muerte de Jesús,
y como una naranja omnipresente
germinaste en el árbol de la cruz.
Eres el rey sublime de los cielos
y tatuaje brillante en los riachuelos.
Vienes de polvo cósmico y te irás
en el futuro al polvo de otra estrella;
hierves como el infierno, pero das
tu luz al paraíso cual centella;
se apagarán tus llamas y jamás
alguien podrá saber de nuestra huella,
mas ahora coronas nuestro mundo
con tu cariz hermoso y rubicundo.
Eres el adalid de los planetas,
tortuoso peregrino universal,
de tu vientre descienden los poetas
y perfumas de fuego el vendaval,
tus manos acarician los cometas
que firman el espacio sideral;
eres supremo dios en nuestros días,
por tu ausencia las noches son sombrías.
Con tu fuerza sostienes nuestro mundo,
recorres como áspid las cornisas
y en el océano diáfano y fecundo
te inmersas como náufrago y te irisas.
Sol, anhelo redondo y rubicundo,
tienes entre tus rayos las sonrisas
que cruzan de la aurora a los ocasos
penetrando las nubes con sus pasos.
Fecha: 02/2014
Estructura: Octava real
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| Pablo Bejarano, en 2014 La Democracia, Escuintla |

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