Oh, bardo que no eres inferior
a quien cantó los viajes de Odiseo
y posees la misma inspiración
de Virgilio el poeta lisonjero,
hoy me siento perdido como Dante
y acudo a ti buscando la salida,
implorando, maestro Miguel Ángel,
que me encamine tu sabiduría.
No, no son el infierno, el purgatorio
y paraíso lo que debo andar.
Condúceme, maestro, te suplico
al sitio en donde hay felicidad.
Conduce mis palabras con las tuyas
para hacer el poema necesario,
el verso magistral donde se juntan
la inspiración y el metro como astros.
Mi infierno es el silencio de mis manos,
¡sácame con tus libros sorprendentes!,
ahuyenta los demonios que ensañados
mantienen mi bolígrafo en la muerte.
Mi purgatorio es la lectura asidua,
alejarme por fin de la ignorancia,
este avance importante de mi vida
se ha dado con la luz de tu palabra.
Maestro, cuando escriba mi poema,
encontraré cercano el paraíso
y podrán recordarme en la epopeya
de los hombres exentos de mutismo.
Cuando tenga el poema y tú ya no
me guíes con la luz de tu palabra,
habrá de guiarme al reino del amor
la mano blanquecina de mi amada.
Fecha: 26/09/17
Estructura: Serventesio asonante
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| Pablo Bejarano en 2019. |

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