Tan solo somos buenos al morir,
queridos cuando hemos olvidado;
nadie te alabará al sonreír,
pero sí cuando llores destrozado.
Desearía escuchar esos discursos
que dirán empapando mi ataúd,
burlarme de los lúdicos recursos
cuando brinden, ya muerto, a mi salud.
Poseer el amor que me darán
cuando ya no lo espere ni lo anhele,
cuando el tiempo me diga que no están
los sueños, sino el dístico que duele.
Nos aman y enaltecen, ¡ay tan solo
al morir y olvidar, qué mala suerte!
¡Esto debe formar el protocolo
del amor, de la vida y de la muerte!
Fecha: 06/01/2017
Estructura: Serventesio
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| Pablo Bejarano en 2018. Presención del libro «La resurrección del verso». |

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