Donde la gloria anida

Al conocer tu rostro y su belleza

se fue desvaneciendo mi tristeza.


Cuando en mi espíritu sembraste amor,

con toda tu hermosura y su nobleza,

se fue abriendo mi risa como flor.


Llegaste en el momento en que mi vida

necesitaba un halo celestial,

llenaste mi vacío universal

con tu boca rosada y florecida.


Te volviste la diosa de mi ser,

dueña de mi presente y mi pasado,

con tu encanto infinito de mujer,

con tu cuerpo triunfal e inmaculado,

con tu jardín dispuesto a florecer.


Te hiciste desde entonces mi universo,

y tus frescos claveles, las estrellas

que brillan sobre todas las doncellas

y le dan rima fúlgida a mi verso

que sería sin ti algo perverso

e indigno de citar las cosas bellas.


Ahora que te tengo aquí conmigo

no puedo imaginarme sin tu amor,

no puedo imaginar cuánto dolor

padecería si no estoy contigo,

porque tú diste vida a mi quimera

al botar tus sonrisas a mi vera

y hacerme con tus brazos un abrigo.


Mi mente solo puede imaginar

el futuro aferrado a tu cintura,

navegando en tus ríos y en tu mar

con oleaje y resaca de ternura,

mi alma solo consigue suspirar

buscando el horizonte en tu figura,

buscando en tu jardín las blancas rosas

que alimentan mi amor con mariposas.


Es mi anhelo cantarle a tu belleza

y volar en el cielo de tu boca,

figurar en la noche intermitente

que hasta hoy alimenta tu terneza

con esas lágrimas que el cielo invoca;

es mi anhelo incrustarme suavemente

en tus sueños dorados de princesa

y por fin horadar tu alma de roca

con mi lluvia y mi sueño recurrente.


Tú no sabes lo bello que se siente

que llenes de beldad la pluma mía

y la letra sutil de mi elegía

que hace bailar mi ensueño más reciente.

No sabes que tu faz resplandeciente

ha sido mi lucero favorito,

aunque posean número infinito

los astros que presumen su fulgor,

porque logré encontrar, entre tu amor,

la magia de un espíritu bendito.


Fecha: 13/01/2015

Estructura: Poema poliestrófico

Pablo Bejarano en 2015




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