Los árboles le dan la despedida
al viajero que marcha sin destino,
pero nadie presiente que el destino
es capaz de abolir la despedida.
Un rostro en la ventana desvanece
la belleza sublime del paisaje,
aunque todos sabemos que el paisaje
ni aun estando senil se desvanece.
Es triste divisar el horizonte
queriendo aterrizar sobre su línea
e ignorar que viajamos en la línea
del paisaje que ayer era horizonte.
El viajero recorre su camino
recordando la luna de su tierra
y queriendo olvidarse de la Tierra
en el zigzag del trémulo camino.
Entre su itinerario, las estrellas
señalan su destino irresoluto,
y el viajero, en su viaje irresoluto,
decide dirigirse a las estrellas.
Él, que ha viajado en busca del olvido,
solo ha intensificado los recuerdos,
y descubrió que solo los recuerdos
son dignos de llevarnos al olvido.
Él, queriendo sembrar en la distancia
la simiente de olvido sempiterno,
descubrió que el amor es sempiterno
y no puede borrarlo la distancia.
Nada puede cambiarse con un viaje,
ni el amor ni el olvido ni la cuita,
porque amar, olvidar y tener cuita
es ya emprender un triste y negro viaje...
Fecha: 20/09/2015
Estructura: Cuarteto con conversión
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| Pablo Bejarano en 2017. Parque Central de Quetzaltenango. |

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