Querido diario

Hola, querido diario. Deseo revelar

mi invierno y mi tristeza, mis fiascos y mi ensueño,

mi deseo febril por ahogarme en la mar

cuando veo su boca con sonrisas sin dueño.

¡Ah, mi querido diario!, ¿cómo dejar de amar

a la sutil princesa de arco iris risueño,

si eclipsa mi cordura con los rayos de sol

que enmarcan sus fanales igual que al girasol?


Si hoy ella conociera este amor solitario

moriría el misterio de mis tristes sonrisas,

ya no haría collares con el abecedario

ni habría citas breves ni tertulias concisas,

y me sería poco combinar un glosario

para explicar por qué en mis ojos hay brisas,

para explicar por qué suspirando diviso

en su cuerpo sublime un carnal paraíso.


Es mejor que en tus páginas desemboque mi río

para no oír preguntas carentes de respuesta,

para no divisar cuando llegue el estío

mis brazos sin quimeras y su mirada enhiesta,

es mejor que en tus páginas deje ya el desvarío

del corazón ajado que no se reforesta

para vivir amando solamente en secreto

a ese sol fugaz, a ese lirio escueto.


No sé cómo decirle que es ella mi paisaje

y el agua cristalina corriendo por mis venas,

no sé cómo decirle que al mirar el celaje

también veo su rostro y sus lunas serenas,

no sé cómo decirle que ella forma el tatuaje

en mis ilusos párpados, que agiganta mis penas,

me diluvia los ojos, encienden mis idilios

y es mi tema constante en todos los concilios.


Perdón si ya te asedio con este amor estulto

que es como un triste río huérfano de caudal,

pero muy a pesar de su nocivo insulto

yo continúo viéndola como un ser celestial

y en mis sueños su pecho cada noche yo ausculto

para poder oír un teamo inmemorial

en todos los latidos de su buen corazón,

en todo el continente de su burilasión.


Bien sabes que en las noches la busco en las estrellas

y también cada día la busco en el ocaso,

bien sabes que camino siempre en pos de sus huellas

en busca del edén oculto en su regazo,

porque a ti te he contado que observo en sus centellas

amaneceres negros y versos del parnaso,

porque a ti te he descrito el astro en su mejilla

que si está sonrojado asombra y maravilla.


Ya tapicé tus folios con días de tristeza

dejando en ti el amor que se irá algún día,

ya dibujé con letras su profusa belleza

en todos los solares de tu alba geografía,

y es muy triste pensar que al cumplir la proeza

de conquistar sus perlas con esta poesía

yo deberé plasmar en folios otro diario

la sutil alegría de un nuevo aniversario,


mas tú siempre serás mi eterno confidente,

quien me vio naufragando en océanos de olvido,

porque sólo tú sabes mi falta de aliciente

para darle sonrisas a mi lirio caído,

porque sólo tú sabes que ella vive en mi mente

como sol de belleza rutilando en su nido,

porque a ti te conté mi sueño solitario,

y mi eterna tristeza, ¡oh, mi querido diario!


Fecha: 20/03/2015

Estructura: Octava real alejandrina

Libro: La resurrección del verso

Pablo Bejarano en 2013.


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