Es ella el sol y cubre mi paisaje,
la brújula y orienta mi camino,
ella es la constructora de mi sino,
la que tiene pavor si voy de viaje.
Ella tiene su rostro mortecino
y más de alguna cana por follaje,
ella olvidó por siempre el maquillaje
cuando yo me crucé por su destino.
Es ella mi crepúsculo y mi ocaso,
y, aunque desobediente, soy su orgullo,
aun cuando he caído en el fracaso.
Ella borra con besos mi barullo,
yo le pago con rimas cada abrazo,
cada lágrima, ósculo o arrullo.
Siempre estuvo cuidando cada sueño
que nacía en el fondo de mi ser,
siempre ha sido la límpida mujer
que exilió los enojos de su seño.
Yo nunca he conseguido comprender
de dónde ella sacado tanto empeño
para plantar en mí ese diseño
del humano difícil de vencer.
Tan solo sé que es la mujer sagrada
que me obsequió su amor y a un buen papá,
y a mi ser siempre estuvo consagrada.
Es ella mi querube, claro está,
también la centinela inmaculada
que llamo, con ternura "mi mamá".
Fecha: 10/05/2015
Estructura: Soneto clásico
| Pablo Bejarano en 2015 |