Hola, querido diario, tú me viste crecer
y conoces los ojos que siempre me han rondado,
conoces mis quimeras febriles de mujer
y el listado completo de mis enamorados,
pero hay un hombre bello, dueño de mi querer,
que con sus ojos deja mi orgullo lacerado
y agita la borrasca de mi respiración
si declama un poema o canta una canción.
Presiento que me quiere e idolatra mi faz,
pero no me confiesa qué nos depara el sino;
no sé si lo dirá mañana o si jamás
sus varoniles pasos marcarán mi camino.
No puedo concebir un ápice de paz
si la brújula estulta que orienta su destino
no me pone en su norte adornando el levante
como el sol más sensual, como el sol más brillante.
Tú sabes cuántas noches descolgué las estrellas
para alfombrar sus pasos que van hacia otro amor
y sabes cuántas veces congelé las centellas
para alumbrar más tiempo mi llanto y mi dolor.
Bien sabes, oh mi diario, que soy de las plebeyas
que construyen castillos en pétalos de flor
para escribir un cuento terminado en sonrisas
y no la misma historia de truenos y de brisas.
Tú conoces muy bien la cruz del sufrimiento
que es este amor callado nacido en el mutismo
y has visto este dolor que otorga sufrimiento
con lágrimas de encono y hielo y despotismo,
pero acaso también, justo en este momento
en que mi corazón escribe bajo un sismo
y te cuento mi llanto y mi triste calvario,
él escribe que me ama en su querido diario.
Fecha: 30/09/2015
Estructura: Octava real alejandrina
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| Pablo Bejarano en 2015. Templo de la Inmaculada Concepción, Ciudad Vieja. |


