Tus ojos, que son ánforas de miel;
tu cabello, cascada de pudor;
tu boca, caramelo del amor;
tu cuerpo, continente de la piel;
tus manos, un desfile de saetas;
tus curvas, caravana de volcanes;
tu espalda, como mar sin huracanes;
tu boca, inspiración de los poetas;
tus brazos, las columnas de mi estío;
tus pestañas, crepúsculos del verso;
tu abdomen, un pedazo de universo;
tus venas, caudalosas como río:
todo esto te hace un sol casi perfecto
que baña mis fanales de belleza
y cautiva mi alma con terneza
y te hace mi paisaje predilecto,
porque en tu antiguo canto de sirena
reflejas el fulgor de los luceros
que en tus ojos parecen clarineros
dispuestos a cantar sobre mi pena.
Tienes la primavera entre tu ensueño
y en tu cuerpo sutil la condición
de hacer que la imposible perfección
se acerque un poco más a su diseño.
Posees la humildad y la hermosura,
una constelación entre tus manos,
en tus ojos nenúfares lozanos
y candor extasiante en tu cintura.
Asilas en tu ser la luna llena,
en tu cuerpo sin mancha un continente
y en tu edénica boca el aliciente
que libera mis versos de su pena.
Es por eso que pienso en la distancia
como algo que separa nuestras manos
y no como secuencia de pantanos
capaz de terminar con tu fragancia.
Es por eso que pienso en las fronteras
nomás como las rayas sobre el mapa,
separando el amor que se agazapa
en un mundo de sueños y quimeras.
Por ti me enamoré abstractamente
al sentir la bondad de tu palabra,
a pesar que la suerte es tan macabra
y te envió a una tierra diferente.
Por ti me enamoré perdidamente
al mirar tu vergel de autorretratos,
en un mundo carente de boatos
para enmarcar tu rostro refulgente.
He intentado arrancar de mi ilusión
un lirio que en su rostro inmaculado
relate cuántas noches te he soñado
mientras llevo a mis labios tu canción,
y diga en cada verso que te quiero
y en un río de letras constructoras
revele que en mis noches soñadoras
encamino a tu imagen mi velero.
Yo soy tu colibrí y tu mi flor;
tú eres mi velamen, yo tu viento;
tú eres el reloj y yo el momento
que se vuelve perpetuo sin tu amor.
Yo soy tu alternativa y tú mi vida;
tú eres el verano y yo el invierno;
tú habitas el edén y yo el averno;
yo soy tu laberinto sin salida.
Aunque nunca he llegado a conocerte
te he abrazado con toda mi ternura,
te he besado perdiendo la cordura
y he aceptado por ti hasta la muerte.
Aunque sé que jamás serás mi esposa
y pronto has de fijar tu derrotero
hacia el hombre que es tu hombre verdadero,
te veré eternamente como diosa.
Consiente estoy que nunca me amarás
y que este amor platónico a su ocaso
se encamina consiente del fracaso
padecido al sentir tu nuncamás,
porque quise volar sobre tu cielo
y me quedé perdido eternamente,
con este amor que quiso ser un puente
entre la realidad y nuestro anhelo.
Fecha: 19/10/2014
Estructura: Cuarteto
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| Pablo Bejarano en 2014 |

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