Admito que lo nuestro fue un terrible fracaso,
y mis celos nocivos, la fatal agonía
de este amor, hoy cercano a su tétrico ocaso.
Aunque cuando lo acepto me lleno de coraje,
admito haberte amado sin paz, sin armonía
y que nuestro cariño se perdió en el paisaje.
Observo con tristeza que la luz del pasado,
(fuente de amor y calma, de gloria y de sonrisas)
es hoy obscuridad y me tiene encerrado.
Pero cómo olvidar las galaxias de amor
que de noche peinaban nuestras tenues cornisas,
si avivaron los pétalos de tus labios en flor;
cómo, si casi siempre estoy cogitabundo
pensando en el pasado que me hacía feliz
y llenaba de rosas los jardines del mundo.
Se escucha por las calles la fuerte algarabía
de risas y más risas que rompen decibeles,
pero dentro, en mi pecho, solo hay melancolía.
La vida es como sueño, como alegre verbena,
va regando color igual que los pinceles,
pero dentro, en mi pecho, sólo existe la pena.
Ahora tu sonrisa ornamenta a alguien más
y otros labios reciben la luna de tu boca
que no podré entrever cerca de mí jamás.
Ahora mis fanales sólo son un aljibe
donde va diluyéndose mi espíritu de roca
y donde se refleja mi inminente declive.
Es una paradoja este amor acabado,
pues es como el umbral de tu felicidad
y como el mustio vano de mi sueño eclipsado,
es la bifurcación que divide el camino
y cada vez te lleva más lejos de mi vida
distorsionando así el mapa del destino.
Si nuestro amor ha sido amor de un solo pecho
y sólo ha provocado entre ambos una herida,
es justo que me encuentre ahora insatisfecho.
La diaria algarabía se escucha en derredor
lo cual me hace sentir el único hombre triste
que viaja por el mundo llorando un mal amor;
el único que tiene el alma lastimada
y llora cada noche pensando que te fuiste
para no regresar a este cuento de hada.
Este sueño sin alas de verte regresar,
es un sueño imposible que sale por mis ojos
con forma de tristeza, con figura de mar.
Hoy, al Rey de los Cielos, mientras lloro le pido
que el hado te regrese al lecho de mis brazos
usando como medio la magia de Cupido.
Hoy no quiero llorar más ríos por tu ausencia,
por la negra nostalgia o los mustios fracasos,
solo quiero embriagarme con tu grata presencia.
Desearía sanar esta oscura tristeza
con la clara alegría de los besos melosos
que, ausentes de mis labios, están en mi cabeza.
Sin embargo tranquilo me verás esperar
tu regreso con muchos abrazos primorosos
que tendrán la grandeza y la fuerza del mar…
Son tristes las historias con clímax prematuro
porque sólo nos dejan la amarga sensación
de querer que el pasado sea nuestro futuro.
Fecha: No registrada
Estructura: Tercetos alejandrinos
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| Pablo Bejarano en 2014 |

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