Llegó con el semblante de los santos,
con una biblia de promesas vanas,
y el pueblo que se ahogaba con su llanto
le entregó su esperanza y sus ventanas.
Todos pusieron preces en los votos,
soñando con sembrar otro levante
donde ya no se alzaran sueños rotos
sobre nuestro país agonizante.
Usted llegó a sentarse y en el solio
colocó su ambición y su avaricia,
debilitó al país con el expolio
que nunca ha castigado la justicia.
Se sintió en el edén de los corruptos
y supuso que el pueblo estaba ciego,
pero nunca advirtió los exabruptos
del pueblo que tenía listo el fuego.
Hoy a gritos se pide su renuncia
y usted se aferra como hiedra al trono,
a pesar de que todo lo denuncia
y ya lo está pudriendo el abandono.
Que abdique se le pide, presidente,
para que vuelva a florecer la paz
y el sol regrese a ser resplandeciente
en Guatemala y su impecable faz.
Que abdique, se le pide, mandatario,
para que el pueblo calme su clamor,
para que no corrompa nuestro erario
con su venal y avárico fervor.
Que abdique se le pide, genocida,
para que ya no vengan más rufianes
a oscurecer de corrupción la vida
de este pueblo con joyas y sin panes.
Fecha: 02/09/2015
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| Pablo Bejarano en 2016, Palacio Nacional, Ciudad de Guatemala |

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