Cuando el sol alcanzaba el horizonte
y encendía en las aves agua y trino,
se fraguaba en las manos del destino
un cambio "diminuto" para algunos.
Era un día con razgos similares
a todos esos días del ayer,
mas la parca tenía en su quehacer
el acabar la vida de un humano.
Nunca había dolido por acá,
porque siempre llevaba gente ajena,
pero ahora incluía en su faena
un paso por la senda de mi amigo.
El día se miraba como todos
los días que anduvieron en su piel;
salió jugando humilde su papel
de ciudadano ejemplo y respetable.
En las grisáceas venas de la ruta
viajaba como un hombre precabido,
pero la muerte había decidido
aniquilar el viento de su alma.
La vida se asomaba por sus ojos
y en el retrovisor no vio siquiera
que estaba traspasando la frontera
de la vida y la muerte en ese instante.
Así suele pasar en este plano:
ahora estás con vida y un segundo
después estás viajando al otro mundo
sin percatarte, sin notarlo al menos...
Se vuelve inexplicable ese momento,
ese pequeño instante que convierte
nuestra vida en un átomo de muerte,
en símbolo de olvido y de la nada.
Año: 17/09/2016
Estructura: Cuarteto de una rima
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| Pablo Bejarano en 2016. Lago de Atitlán. |

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