Yo bien supe en la vida las veces que fui amante
y el villano maldito de la triste novela,
mas no me arrepentí de robar el diamante
de otros hombres ignotos, pues no tuve secuela.
Yo nunca me enteré cuando fui el engañado,
cuando en mi mar sublime desembocó otro río
y aunque me entere ahora de ese hiriente pasado,
no importa porque el sol no es solo de un estío.
Y es que nunca hay engaños ni hurtos en el amor,
porque no existen dueños en el placer divino,
¿o es que acaso no puede posarse un ruiseñor
en un roble después de anidar en un pino?
Casi todas las veces alguien llega primero
al valioso tesoro que se desea tanto,
como llega Oceanía al primero de enero
antes que el continente donde habita mi canto.
Pero siempre es el último quien gana la partida,
pues él está ingresando mientras el otro egresa
y aquello que se marcha ya nunca más regresa,
si ha dejado en el alma una profunda herida.
Pero nunca en la vida es maligno el amante,
es la culpa del otro, también de la mujer,
pues nada pasaría si supieran querer
a la persona ideal desde el primer instante.
El amante algún día convertirá en su esposa
a la mujer de aquel que la presume bella,
pues cuando se marchita lo que hoy es una estrella
se hace estrella y gobierna lo que fue nebulosa.
Pero a todos nos pasa esto tan lacerante
de ser el cruel traidor o el del cuento al revés;
pero en definitiva, en historias de tres,
son culpables los novios, pero nunca el amante.
Fecha: 21/09/2015
Estructura: Serventesio alejandrino y cuarteto alejandrino
![]() |
| Pablo Bejarano en 2015. |

No hay comentarios.:
Publicar un comentario