Cuando acabe el camino de la vida
y recuerde tu rostro inmaculado;
mis ojos que sangraban como herida
y el sueño amargo nunca realizado;
cuando llegue el final de la existencia
y recuerde que nunca me quisiste
y tuve que vivir con la sentencia
de ser un hombre solitario y triste;
cuando esté frente a frente con la muerte
destinado a caer en la penumbra
y no me sienta más un hombre fuerte
sabiendo que el ensueño no me alumbra;
la noche en que mi último suspiro
quiebre el viento y se pierda en las estrellas
y recuerde tus ojos de zafiro
y mis cartas perdidas en botellas,
habré de recordar que tu quimera
aspiraba a otro amor que no era el mío,
que tus brazos buscaban primavera
y yo vestí mis ósculos de estío,
y sin embargo, iré feliz al cielo
porque acaso es mejor pasar la vida
luchando hasta el final por un anhelo
que saber la quimerea ya cumplida.
Cuando el día se marche de mis ojos
y el único horizonte sea obscuro,
cuando sean los árboles cerrojos
para el tálamo gris de mi futuro,
recordaré el dolor, y sin embargo,
sonriendo en el final de mi existencia,
diré que aunque el camino ha sido amargo
me gusta nuestra extraña coincidencia.
Fecha: 29/08/2017
Estructura: serventesio
Libro: La resurrección del verso
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| Pablo Bejarano en 2017. |

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