El cielo con los párpados cerrados
nos envuelve en un sueño de penumbra
donde los astros lloran apagados
y la luna distante ya no alumbra.
Solitario y erguido en el camino
un guerrero de luz se ve temblando:
su cabeza es el foco mortecino
que tiene por cabello el aire blando.
La neblina acaricia con sus manos
su piel de amanecer sin horizonte,
no ha conocido nunca a sus hermanos
que se encienden y apagan en el monte.
El color de su aliento es amarillo
e ilumina la espalda de las hojas
y junto con el cántico del grillo
le da vida a un paisaje de congojas.
Yo pienso, cuando miro al centinela,
que su ensueño de sol no es suficiente
si tiene que llorar la noche en vela
alejado del mar y de la gente.
¡Cuánta tristeza habita en el farol
por el cual se codean en la noche
la hojas que, al notar que no es el sol,
se marchan cuando cesa su derroche!
Su luz es la fatal melancolía
que duele simplemente por el hecho
de estar en la invisible lejanía
latiendo sin el eco de mi pecho.
Su rostro es amarillo, a veces blanco,
y siempre es una triste luminaria
que se parece, para serles franco,
demasiado a mi vida solitaria.
Fecha: 06/11/2017
Estructura: Serventesio
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| Pablo Bejarano 2017. |

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