Nuevamente la mañana
me ha sacado de mi lecho
y ha activado entre mi pecho
un sonido de campana.
Por mi vida cotidiana
me dirijo hacia el trabajo;
en la calle, cuesta abajo,
van mis pasos perezosos
como ríos caudalosos
que desean un atajo…
Al volver a la morada
tras cumplida mi labor,
me convierto en un lector
con la mente enajenada.
Voy leyendo a Scheherezada
con sus cuentos fascinantes
de palacios y diamantes
que en ciudades del oriente
ocurrieron, ciertamente,
en los tiempos más distantes.
Terminando mi lectura
con las manos sempiternas
acaricio las mancuernas
que moldean mi figura.
No hay tristeza ni ternura
al estar en el gimnasio
donde el tiempo va despacio
disipando las heridas
con las barras aguerridas
y los guiños de potasio.
En mi casa de regreso
una pluma y un papel
hacen fúlgida la hiel
de dos labios sin un beso.
Es ahora que confieso
que al final de cada día
de leer en demasía,
trabajar, ejercitarme
y escribir hasta saciarme,
me ha faltado la alegría.
Año: 21/01/2017
Estructura: Espinela
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| Pablo Bejarano en 2016. Ciudad de Guatemala. |

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