Siempre fue mi deseo vivir en tu quimera
y ahora, ya sin ti, se fue mi primavera
y vino la hojarasca de llanto y poesía
a alimentar con lágrimas tu mar de egolatría.
Los oscuros vestigios de un brillante pasado
dejan mi corazón marchito y desolado
buscando la manera de cambiar el destino
y llevar sus latidos de viaje a tu camino.
Me lastima mirar que muerta mi ilusión,
como barco inservible, se ha quedado atracada
en tu mar donde reina la oscura decepción.
Duele quedarme hundido en esta punición
y mirar que la fiesta de tu sonrisa, ajada,
se borra rápidamente con esta situación.
Viendo que nuestro amor ha sido más precario
que la felicidad de un triste mercenario,
es preciso empacar mi triste poesía
e irme con mis versos en una romería.
Es preciso admitir que mi triste destino
ha colocado oprobios que nublan mi camino,
y que sólo serán mis ojos una empresa
de muerte pasajera y de eterna tristeza.
Es preciso entender que ha sido tu misión
vivir lejos de mí en el país oscuro
donde gobierna siempre la negra inspiración.
Que es ahora tu sino ser sólo la razón
de vida para el hombre que cambia mi futuro
y envía al cementerio mi más grande ilusión.
Aquel castillo lírico, erigido con versos,
nos quedó tan dañado, tras los tiempos adversos,
que fue sustituido por la melancolía
plantada en mis ensueños por tu cicatería.
Mi bolígrafo umbrío se olvidó de escribirte
aquella noche azul en que empezaste a irte
y dejaste en mis manos un silencio profundo
que podría apagar el sonido del mundo.
Me quedé sin Parnaso y me quedé sin ti,
me quedé sin espíritu, sin tu amor y tu miel,
cual se queda sin alas el triste colibrí.
Perdí la inspiración, todo dentro de mí,
al saber que reías en el pecho de él
mientras yo suspiraba donde un día reí.
Todo lo que anhelé nunca fue realizado,
me quedé sin futuro, me quedé sin pasado,
y viendo que no tiene valor ni plusvalía
esta oscura, fatal y terrible elegía.
La negra soledad aterrizó en mis ojos
fundó en mí su estadía habitada de abrojos,
como si presagiara una temprana muerte
para el hombre que otrora se presumía fuerte.
Por eso ahora creo que tendré redención
si consigo tener mi alma petrificada
para no amar a nadie que hiera mi ilusión,
para no regresar a ser ese bufón
que trasplantó los ríos a su umbría mirada
por todos los desprecios, por cada decepción.
Fecha: 2012
Estructura: Soneto alejandrino
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| Pablo Bejarano en 2012 |

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