No soy bohemio, tampoco cantor,
soy un humilde y tenaz soñador;
mi inspiración nunca ha sido sublime,
pero, al saber de tu amor, se redime.
Yo no poseo el talento de un vate,
sólo el ensueño febril del orate
que en el jardín de papel, con su alma,
dibuja flores de amor y de calma,
pero si bardo me llaman ahora
es por tu rostro de flor que enamora,
por tu paraje poblado de estrellas,
porque me hiciste un humilde juglar
con tus fanales de miel y de mar,
con tu follaje de oscuras centellas.
El incansable riachuelo de musas
con el que engendro lisonjas profusas,
vive en mi ser porque tú lo edificas
con la copiosa beldad que alambicas.
Aquella rima en eterno naufragio
por la que nadie me daba un sufragio,
llegó a mi playa llamada libreta
la vez que tú me llamaste poeta,
y con mis versos formé, sobre el viento,
la sinfonía que en este momento
nutre mi alma de amor y bondad,
y encaminé la ilusión al papel
desde que tuve en los labios la miel
que destilaba tu regia beldad.
Esa metáfora en mí reprimida
como erupción que no encuentra salida,
desembocó en mi sutil florilegio
al ver tu rostro perínclito y regio.
Aquella anáfora de mis poemas
la descubrí al querer, con grafemas,
tallar tu nombre y tus ojos brillantes
en un soneto de versos triunfantes.
Pude aprender la retórica extraña
para adular tu beldad de montaña
con un poema preciso y hermoso
y descubrí espinelas, pareados,
octavas reales y versos rimados
para cantarle a tu rostro precioso.
Y descubrí que podría plasmar
en los poemas tu rostro de mar
si detenía tu boca en mis ojos
y la plasmaba con letras y antojos.
A tu llegada también el Parnaso
vino a brindarme sonetos de ocaso
para dejar mi libreta pletórica
de inspiración, de prosodia y retórica,
pues eres tú mi lirismo y papel,
eres el grácil y eterno pincel
con que revivo en el alma los versos.
Eres mi musa, también mi elocuencia,
eres la hermosa y sutil eminencia
por la que canto en los días adversos.
Vate, poeta, juglar o trovero,
aedo, bardo, cantor o coplero,
no es importante ningún adjetivo
si con mis versos ya no te cautivo,
porque la humilde y febril poesía
no es de mis manos, la musa no es mía,
es sólo el fruto que yo coseché
en tu mirada dadora de fe,
y es que quizás yo no soy escritor
y sólo escribo pensando en tu amor,
en tu cabello y tus labios de rosa,
y si lo soy, soy nomás tu poeta,
porque si un día se va tu silueta,
también se iría mi vida dichosa.
Fecha: 2013
Estructura: Soneto de rima pareada
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| Pablo Bejarano en 2012 |

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