Todo en la vida marcha como debe marchar:
si no existieran óbitos no existiría vida;
si no hubiera recuerdos no habría que olvidar;
si no existieran dédalos para qué la salida.
Si no volara el sol no caería lluvia;
si no se va el pasado no se acerca el presente;
si no viene el otoño no vemos hojas rubias;
si no existieran ansias viviría el carente.
Si no hay felicidad no habrá melancolía:
si no nacen los vates no nace el madrigal;
si no tienes llaneza morirás de ufanía;
si no cuidas las junglas, te matará el erial.
Si no trotara el viento faltarían montañas;
si se fuera el amor ya no habría suicidas;
si no hubiera derrotas tampoco habría hazañas;
si se van las quimeras no llegan las heridas.
Por el numen sublime existen los troveros:
por los crueles infundios tienen velos los ojos;
por los grandes tesoros hubo filibusteros;
y existen los suspiros por los pétalos rojos.
Por las noches fenecen los efímeros días;
por las caídas nace, en el alma, vigor:
por las malas quimeras germinan elegías;
por las profundidades se engrandece el calor.
Exceso de confianza genera incertidumbres;
por pseudocaballeros semejamos truhanes;
por las obscuras simas son enhiestas las cumbres;
por los copiosos ríos existen huracanes.
Por epicureísmo existen los expósitos;
por eternas rutinas existen los amantes;
por antiguos fracasos nacen nuevos propósitos;
por malos presidentes se crean atorrantes.
Por la riqueza toda existe la pobreza;
por los clérigos probos sigue la religión:
por nuestras peripecias encontramos sorpresa;
por la esperanza fútil no crece la ilusión.
Es por la delincuencia que sobrevive el mundo;
por la pálida parca existe eternidad;
por oprobios asiduos existe el iracundo;
por novios embusteros hay novias con frialdad.
No existe la alegría que venga sin tristeza;
y no existe la hambruna libre de mitigar;
jamás habrá pecado que ofusque la pureza;
jamás habrá cantor que no pueda soñar.
Existen por las rosas suspiros agitados;
tiene, por los volcanes, descanso el horizonte;
existen por la lluvia besos apasionados;
y tiene, por la nieve, rubor el alto monte.
Sin cordura gobierna la maldad infinita;
sin estambre y pistilo, no germina el amor;
sin dudas amatorias vive la margarita;
y sin la enervación, no valdría el valor.
Sin suplicio, la vida nos sería tediosa;
y sin las odiseas no habría adrenalina;
si no te hace llorar no eres amorosa;
y es por mirar los pétalos que encontramos la espina.
Sin copiosos caudales habría sed creciente;
sin ingentes metrópolis sobran los arrabales;
sin libros y paisajes sería intrascendente
mi vista que se marcha junto a los vendavales.
No hay nada en este mundo por la casualidad,
todo ha sido creado con suma perfección:
sin la muerte del tiempo no habría eternidad;
sin el álgido Apolo, ni lluvia ni erosión.
Todo en la vida marcha como debe marchar:
sin este verde príncipe, no serías princesa;
sin este triste amor que no consigue amar,
no estarían mis versos plagados de tristeza.
Si dejaras mi mundo, harías un desierto
donde fuera imposible cosechar poesía;
si te fueras de aquí se inundaría el puerto
do atracan por las noches versos del alma mía.
Sin tu blanca presencia habitando mi mente,
no podría engendrar esta trillada rima,
tampoco existiría este lírico afluente
si no hubiera en tu lengua la flecha que lastima.
El cosmos es perfecto y el triste corazón
va cantando su diástole al compás de tu sístole;
el cosmos es perfecto y mi alegre ilusión
sin ti me llevaría a la eterna perístole.
Fecha: 2013
Estructura: Serventesio
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| Pablo Bejarano en 2012 |

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