¡Oh, Juventud, espíritu jocundo!,
eres tú la comisura
del amor y la ternura,
eres tierno amanecer
que muestra la tesitura
más bella de nuestro ser.
Eres un sol con pétalos de amor
que nos abraza siempre con terneza,
a veces eres río de tristeza
y otras veces te llevas el pudor.
Eres ¡oh!, Juventud,
un perenne volcán de adrenalina
que con su gran alud
de amor sin disciplina
nos envuelve en la vida más divina.
Juventud de sonrisas eternas,
Juventud de extasiantes tabernas,
eres flor, eres lirio y clavel,
eres sol de infinita ternura
que moviendo su regia cintura
nos genera alegría a granel.
Juventud de ritmo raudo e indecente,
hoy que ya has ajado mi espíritu efebo,
dejas desolado mi cruel continente
y vas a invadir a otro mancebo
para envolverlo en tu manto,
entre la gloria de tu encanto,
y después anegarlo en el llanto.
Tú eres, Juventud, el lupanar
que se marcha cual barco pasajero
y se pierde en la espalda de la mar.
Te marchas como efímero jilguero
que por cuita ha dejado de trinar.
Te marchas, Juventud, aunque te quiero
y me dejas suspiros dolorosos
y los ojos me dejas aguanosos.
Mi corazón mortecino
quedará cuando te vayas,
tú perderás las batallas
cuando mi triste destino
me sumerja en la vejez.
Ya no seré tu inquilino
pues andaré en el camino
cubierto de lobreguez,
huérfano de lucidez.
En otra generación
construirás tu morada
dejando mi vida ajada
y triste mi corazón.
Te irás hermosa ilusión
como estrella fugitiva,
yo no sé si eres nociva
o si eres la pandemia
con que la vida nos premia
para ser más emotiva.
No sé si eres un clavel
que me mata o se marchita
no sé si eres el vergel
donde florece la cuita.
No sé si eres la borrasca
o si eres tú la hojarasca
de mi ensueño ayer cetrino
que una noche fue la rosa
y a mi infancia venturosa
ornamentó en el camino.
No, no, no, Juventud,
no te lleves mi luz y mi alegría
sigue con la porfía
de sembrar inquietud
en el verde jardín de mi ilusión,
haz en mi corazón
un castillo de versos
que deje mis afanes y universos
en tu tierna estación.
Eres gaviota en éxodo perpetuo
y nunca has conocido la lealtad.
Tienes una salvaje libertad
que veta la inocencia en la niñez
y aunque no quiero que de mí te vayas
te marcharás unida a mi presente
en el tren del olvido permanente
mientras yo me marchito en la vejez.
¡Ah!, tierra de precipicios,
voluptuosidad y amor,
se ha apagado tu fulgor
después de muchos solsticios,
después de profusas lunas
en las que busqué fortunas
y tan sólo hallé suplicios.
Aunque te vayas quiero
que el mal intencionado
hado,
con vuelo de jilguero,
te deje en mi memoria
untada con euforia.
Llevaré siempre en mi mente
y un recuerdo permanente
de cuando estabas presente
como lumbre.
Guardaré en mi cuerpo viejo
vestigios de tu presencia
que atisbaré en mi apariencia
cuando esté frente al espejo.
¡Ah!, río lindo, claro y despreciable
has dejado en mis manos un alud
de inspiración sublime e inacabable.
Yo te doy mi infinita gratitud
y mi incansable amor, oh Juventud,
porque eres la princesa de este mundo.
Fecha: 18/01/2015
Estructura: Poema poliestrófio
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| Pablo Bejarano en 2016 Lago de Atitlán |

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