¡Salve, patria querida; salve, mi Guatemala!
Deseo que tu nombre vaya henchido de paz
junto a la libertad que no muere jamás
y vuela cual quetzal en la más alta escala.
Quiero hacer en tu nombre poéticas empresas
y defenderte siempre de internos enemigos,
donde sean mis versos los únicos testigos
de tus días de tedio, de llanto y de tristeza.
Deseo disipar la maldad que te abruma,
borrarla eternamente de todos tus recuerdos,
y tu paisaje, así, quede libre de bruma.
Deseo enviar mi luz al manto tenebroso
que ofusca tu belleza con tiranos y lerdos,
para mirar tu cuerpo de nuevo fulguroso.
Deseo, Guatemala, mi Guatemala amada,
curarte las tristezas del pobre corazón,
decir que malherida está mi inspiración
por ver sobre tu tierra la paz desbaratada.
Deseo, Guatemala, pelear como el guerrero
que la tristeza ajena le duele como suya,
y decirte "yo soy el soñador que arrulla
tu alegría en su pluma de quetzal y trovero".
Quiero decirte, Patria, que veo en tu bandera
una nube partiendo el celaje azulino,
sirviendo de corona para tu primavera.
Quiero decirte, Patria, que estás en mi pasado,
estás en mi presente y estás en mi destino
como huella de amor que se ha petrificado.
Tienes en tus volcanes la fuerza natural
que nos hace luchar, con todo nuestro empeño,
por alcanzar la gloria de realizar un sueño
libertario y volátil, como el verde quetzal.
Tienes en tu horizonte, distante y quebrantado,
la eternidad que calma la sed de mis retinas
y la fuerza incansable de manos campesinas
trabajando tu campo ubérrimo y sagrado.
En el cielo poblando tu zigzagueante mapa
un millar de banderas, en noble procesión,
venerando el septiembre que ya no se agazapa.
Posees en tus mares las olas de belleza
que llevan en su lomo toda la inspiración
de los bardos que cantan con profusa destreza.
Tus hermosas pirámides nos relatan la historia
extasiante y gloriosa de tu bello pasado,
y en tus piedras grisáceas y en tu muro tallado
podemos recordar tu esplendor y tu gloria.
En tus verdes y grandes y frescas cordilleras
que serpentean libres en tu espalda sutil,
es posible observar el perfecto perfil
que han tallado los siglos y han tallado las eras.
En tus pueblos, derroche de ocasos y güipiles,
que han sido coloreados con la hermosa pintura
de millones de flores y sufridos textiles,
veo, patria querida, mi verso alejandrino,
mi rima consonante y la blanca escultura
que adorna la mirada del viejo peregrino.
La rosa de mi musa pienso despetalar
para luego tejer un collar de palabras
que se pose en las piedras donde miras y labras
las estelas que son aptas para admirar.
Me llevaré el encanto del quetzal y los ríos
que recorren tu cuerpo armados de belleza,
tomaré de tus aves su trino y su pureza
y gastaré mis ojos mirando tus estíos.
De tu ceiba hurtaré sus brazos y su arte
para abrazar el viento con idilio frondoso,
para abrazarte fuerte y nunca más soltarte,
y hurtaré del teclado de la vieja marimba,
el sonido silvestre, alegre y melodioso,
que ponga en tus oídos la voz de la guarimba.
Guatemala, planeta de encanto y de fortuna,
que anidas en el pecho del jilguero terrestre,
quiero ver la galaxia de tu encanto silvestre
retratando en su faz el rostro de la luna.
Guatemala, reflejo del Edén en la tierra,
que duermes en la bella corona de naciones,
quiero escuchar por siempre el río de canciones
nacido de lo verde y lo alto de tu sierra.
Guatemala, poema sin versos y con playas,
deseo recitar los versos de tus mares,
las rimas silenciosas de tus estelas mayas.
Oh, Guatemala, amor eterno de mi vida,
vida que hace perpetuo mi amor sin avatares,
te quiero con la anchura del verso sin medida.
Te quiero con la fuerza del valiente Tecún,
adalid eminente, adalid aguerrido,
te quiero con el verde y profundo sonido
de la cueva portátil que tiene adentro el tun.
Con la húmeda fe que alambica el invierno
y anuncia la Cuaresma y la Semana Santa,
te quiero de Iximché a Tikal y a la Danta,
de La Antigua barroca, al lago sempiterno.
Porque eres, Guatemala, perla de primavera,
la sucursal del cielo en el centro del mundo
y un madrigal escrito con voz de cordillera,
un prisma que destella fulgores y matices,
por eso entonaré con mi timbre jocundo
el canto ahora escrito, raíz de mis raíces.
Te ofrezco, Guatemala, mi poema campero
que adormece en sus letras el pesar melancólico
que padece tu pueblo de espíritu bucólico
cuando siembra y cosecha fiascos para su esmero.
Te ofrezco, Guatemala, mi numen, mi poema
y todas las metáforas que alaban a Natura,
por haber colocado en tu suave figura
un soneto boscoso, grafema por grafema.
Te doy todos mis versos para que los coloques
donde pones los versos, regalos de tu hijo,
te doy mis ojos tristes para que te desboques
con toda tu belleza en ellos, patria mía;
te regalo mi vida, te doy mi regocijo,
tu nombre convertido en magia y poesía.
Fecha: 24/09/2014
Estructura: Soneto alejandrino
Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Estanzuela, Zacapa, 2019
 |
Pablo Bejarano en 2015, Sumpango, Sacatepéquez. |