Fragancia a pasado

Estrella y princesa mía,

te quiero fervientemente

con todo el amor silente

que duerme en la poesía.


Te amo sin algarabía

con el alma y con la mente,

con un amor recurrente

que no tiene plusvalía.


Te quiero como el cobarde

que inmerso en la soledad

suspira oliendo la tarde.


Te amo sin hacer alarde,

sin mostrar felicidad,

sin el orgullo que arde.


Con un amor timorato

que se esconde tras los ojos,

busco tus pétalos rojos

detrás del anonimato.


Con un amor insensato

que no teme a los abrojos,

te pido, puesto de hinojos,

que me mires por un rato.


Te quiero con el pavor

que me inspira el vilipendio

cuando voy buscando amor.


Te quiero con el dolor

que le da vida a mi incendio

y consume mi interior.


Te quiero con ansiedad,

sin infundios o medida,

y sin embargo, mi vida

se consume en soledad.


Me llena la vacuidad

y me traspasa la herida,

como traspasa al suicida

la voz de la eternidad.


Cada ósculo inventado

construye en mi corazón

un ensueño inmaculado


y una fragancia a pasado

que nutre la inspiración

para un poema esmerado.


Muy a pesar de los besos

que he dado en busca de olvido,

nada de lo sucedido

supera tus embelesos,


porque te amo con excesos,

con un amor desmedido

que no sale de su nido

y no goza de recesos.


Te quiero con poesía

y te quiero con la palabra

que construye una elegía.


Te quiero con fantasía,

con la voz suave que labra

el fulgor de cada día.


Diciendo a todas te quiero

y fingiéndote amistad,

vivo en una falsedad

con máscara de embustero.


Camino en el derrotero

donde está la libertad,

igual que la soledad

haciendo daño severo.


Lo más triste del planeta

es darle a ojos cerrados

la voz suave del poeta,


es correr como cometa

en los caminos helados,

lejos del sol, que es la meta.


Yo no sé si alguna vez

me armaré de valentía

o quizás de poesía

dejando la timidez,


si algún día la avidez

de entregarte el alma mía

y compartir tu alegría

derrotará tu altivez.


No sé si tendré valor,

si tendré oportunidad

de confesarte mi amor


y atracarnos con pudor 

donde la felicidad

ponga fin a mi dolor.


Fecha: 01/2015

Estructura: Sonetillo 

Pablo Bejarano en 2015


Amatitlán

Cuando empezaba a conformarse el mundo,

Dios hizo, con sus manos de pintor,

un paisaje erizado de fulgor

llamado Amatitlán. De lo profundo


de sus aguas, sus cerros y boscajes,

emerge la silueta del Pacaya

con su aspecto de tórrida atalaya

para apuñalar todos los celajes.


La mezcla de lo azul y lo cetrino

que se duerme entre el lago y las montañas 

construye asombro en cada peregrino


que ha venido de lejos a observar

cómo guarda la tierra en sus entrañas

un fragmento esporádico de mar.


Y después fue adornado con la gente

y con la magia del funicular,

donde el turista sube a divisar

el color de esperanza y mar ardiente.


Edificaron en su antigua vera

el hermoso Castillo de Dorión,

para brindarle al vate inspiración

con la Edad Media y con la primavera.


Entonces pudo verse sobre el lago

un madrigal de rima consonante,

hoy malherido por el mal aciago


que a sus bellas ondinas aniquila;

por eso, hermanos, es preponderante

conservar lo que aprecia la pupila.


Desde ahí puede verse la hermosura

de la verde Laguna de Calderas

que, en su acuático aljófar de quimeras,

lleva la poesía y la ternura,


lleva el numen de cada peregrino,

de mi mente y mi mano de trovero,

y se hunde en el largo derrotero

del poema y su rítmico destino.


Y podemos mirar la tradición

cuando en el lago va el Niño de Atocha

derramando su paz y bendición


en todos los que buscan, con la fe,

encaminar su alma por la trocha

en donde alguna vez caminaré.


Amatitlán es gloria y paraíso,

es cuna de crepúsculos dorados

y deja nuestros ojos extasiados

cuando el viento da vuelta en su carrizo.


Su volcán es eterno centinela

de jóvenes, de niños y de viejos

y en su rostro se tienden los reflejos

del crepúsculo suave y su acuarela.


Sus ocasos son bella orfebrería

acostada en los cúmulos viadores

y sus mañanas son de poesía,


sus noches un resumen estelar

y sus aguas el llanto de las flores

que tienen la fortuna de llorar.


La procesión que va sobre las olas

siembra ilusiones en su itinerario

y le brinda sonidos al breviario

de las personas que se sienten solas,


va sembrando milagros en las almas

de su pueblo y de toda la nación

y la gente demuestra devoción

dibujando un capullo con sus palmas.


Amatitlán es gloria y es edén,

es la obra maestra de Natura,

resplandece al compás de su vaivén,


el vaivén que tomó de los follajes

y es la danza premiosa que perdura

coqueteándole a todos los celajes...


Amatitlán, no existen adjetivos

para expresar la magna excelsitud

que se desborda como inmenso alud

de paisajes hermosos y festivos,


y no existe poema lisonjero

que logre darle rima a tu hermosura,

porque resulta poca la ternura

que pudiera mostrarnos el trovero


cuando se trata de escribir por ti.

En tu paisaje glauco se condensa

el vuelo pertinaz del colibrí,


los parajes que mira el azacuán,

el universo y su extensión inmensa,

porque eres un crisol, Amatitlán.


Fecha: 19/02/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Pablo Bejarano en 2016
Lago de Amatitlán, Guatemala


Ayutla

En el umbral del universo azteca,

en el ocaso del planeta maya,

Dios inspecciona desde su atalaya

la más grande beldad guatemalteca.


En la vera del diáfano Suchiate

que reptando disgrega dos países,

un paraje de prístinos matices

acrecienta la ráfaga del vate.


En San Marcos se encuentra adormecida

y lleva el nombre de Tecún Umán

esta ciudad de gente conmovida.


Es un lugar de ocasos carmesí,

un reino con mañanas de azafrán

que embriaga, con dulzura, al colibrí.


El Naranjo da ósculos fluviales

al encanto de Ayutla en la frontera,

¡oh orgullo de la Eterna Primavera

que posee embelesos siderales!


La falange de fúlgidos luceros

que ha sido comandada por la luna,

constela cada noche la comuna

poblada por encantos lisonjeros.


Es Ayutla la puerta a la nación,

un pedazo de edén en este mundo,

la simiente sutil de mi ilusión.


Es Ayutla un océano de cristal

y posee el encanto rubicundo

de algún ecosistema celestial.


El nombre del caudillo nacional

corona su preciosa cabecera,

defiende a Guatemala en la frontera

con vigor aguerrido y ancestral.


Su nombre es el sumario de la historia

que dejara el pasado con la lid

donde murió el intrépido adalid

que su nación eterizó con gloria.


Es Ayutla la bella remembranza

del más bello y acérrimo guerrero

que sembrara en su tierra la esperanza.


Aquel que se enfrentara con la suerte

para hacer en nosotros hacedero

un camino mejor hacia la muerte.


Después del español y su perjuicio

la nombraron Ayutla por los motes

que indicaban que para los ayotes

poseía agro ubérrimo y propicio.


Ayutla es el pontón que cohesiona

el numen, el poema y la ilusión,

es Ayutla la pétrea inspiración

que todos mis renglones impresiona.


Es Ayutla el aljófar eminente

que alumbra cada noche y cada día

con todo su esplendor incandescente.


Es Ayutla el edénico aposento,

la musa con que muere mi elegía

y sube mi poema al firmamento.


Andar enteramente en el planeta,

caminar en Mompós o en Barcelona,

no es lo que me fascina y me emociona,

no es lo que me convierte en un poeta.


Porque en cada momento desearía

caminar hacia Ayutla inmaculada

y palpar esa tierra embalsamada

por cascadas de amor y de ambrosía.


Con nada es asequible cotejar

la beldad que en Ayutla se vislumbra

y es capaz de hacer poco cielo y mar.


Ayutla es un titánico diamante,

sol que disipa toda la penumbra

y me asesina cuando estoy distante.


Fecha: 05/01/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Ayutla, San Marcos, 2024

Pablo Bejarano en 2024,
Acto de premiación en Ayutla, San Marcos,
Aparecen en la foto,  de izquierda a derecha:
Ronald Roduel Pérez García,
Pablo Bejarano, 
Fidel Flores y
Arístides Bejarano 



Madre

Es ella el sol y cubre mi paisaje,

la brújula y orienta mi camino,

ella es la constructora de mi sino,

la que tiene pavor si voy de viaje.


Ella tiene su rostro mortecino

y más de alguna cana por follaje,

ella olvidó por siempre el maquillaje

cuando yo me crucé por su destino.


Es ella mi crepúsculo y mi ocaso,

y, aunque desobediente, soy su orgullo,

aun cuando he caído en el fracaso.


Ella borra con besos mi barullo,

yo le pago con rimas cada abrazo,

cada lágrima, ósculo o arrullo.


Siempre estuvo cuidando cada sueño

que nacía en el fondo de mi ser,

siempre ha sido la límpida mujer

que exilió los enojos de su seño.


Yo nunca he conseguido comprender

de dónde ella sacado tanto empeño

para plantar en mí ese diseño

del humano difícil de vencer.


Tan solo sé que es la mujer sagrada

que me obsequió su amor y a un buen papá,

y a mi ser siempre estuvo consagrada.


Es ella mi querube, claro está,

también la centinela inmaculada

que llamo, con ternura "mi mamá".


Fecha: 10/05/2015

Estructura: Soneto clásico

Pablo Bejarano en 2015



Ojos de esmeralda

Mirar cómo navegas en la boga

vestida de belleza y perfección

y exhalar un suspiro de emoción,

es el cuento terrible que me ahoga.


Soñar con tus pestañas infinitas,

con tus labios de rosa sempiterna,

soñar con tu mirada que se invierna,

se volvió mi odisea favorita.


Ver en las pasarelas tu figura

como una romería de embelesos,

poco a poco me roba la cordura.


Anhelar el almíbar de tus besos,

es triste, cuando veo en tu cintura,

un encanto que a todos deja presos.


¿Cómo hacer que tus ojos soñadores

vean mi faz, escasa de hermosura?

¿Cómo hacer que tu blanca arquitectura

se estremezca con versos y con flores?


¿Cómo hacer que dirijas tu mirada

al puerto donde viajo con mi pena?

¿Cómo puedo traerte a la verbena

donde serías reina inmaculada?


¿Cómo hacerme notar en la jauría

que camina detrás de tus encantos,

si tan sólo poseo poesía,


sin son pocas las rimas de mis cantos

para hacer que florezca tu alegría

como lo hacen los bellos amarantos?


Cuántas veces tu rostro de esmeralda

se adornó con ciruelas en la boca,

cuántas veces tus labios en la copa 

bebieron al ganar otra guirnalda,


mientras solo veía tus retratos

disparando suspiros en el viento,

deseando que viniera ese momento

cuando todos los besos fueran gratos.


La selva de tus ojos me fascina

y la piel delicada de tu espalda

es la brecha triunfal donde camina


el sueño inverosímil que respalda

la magia de tu boca alabastrina,

la gracia de tus ojos de Esmeralda.


Fecha: 07/05/2015

Estructura: Soneto de cuartetos independientes

Pablo Bejarano en 2015


Canción a Dios

Ya le he cantado a todo el universo:

a las nubes dormidas en la mar,

a los amaneceres en el lar,

al aguacero rítmico del verso,


a la beldad de un rostro suave y terso,

al amor infeliz del lupanar,

al sueño que no pude realizar,

pero en mi mente sigue estando inmerso.


Con amor le canté a la musa Erato,

a la fuente inmortal de mi dolor,

a la ternura inmensa del neonato,


a la ilusión que sufre de maltrato,

a los nimbos platóricos de albor,

al pasado dormido en un retrato.


Le he cantado al suplicio y al placer,

al intersticio que vetó los besos,

a las cuentas que caen por decesos,

a las pestañas del amanecer,


a todas la campanas sin tañer,

al baile sin canción de los cerezos,

al portal que se abre con bostezos,

a la sonrisa fresca de mujer.


Ya le he cantado con dedicación

al invierno y su hiel de celibato,

al jardín bicolor de inspiración,


a los fiascos que da la emulación,

al oro que al crepúsculo hace grato,

al sonido triunfal de la canción.


Con palabras que llevan ilusión

le he cantado a la flor y su corola,

al penacho canoso de la ola, 

a los besos henchidos de pasión,


al valor que hay en cada concesión,

a la luz prisionera en la farola,

al la luna de argento y a su aureola,

al erguido volcán y su erupción,


le he cantado al cometa peregrino

que le dibuja cejas a la luna,

a mi perfil antiguo y aquilino,


al fuerte sufrimiento del bobino,

al desierto rayado por la duna,

al celaje dorado y vespertino.


Le he cantado a bandadas y a quimeras,

al cuerpo impredecible de la nube,

a las alas barrocas del querube,

a las olas de viento en las banderas.


Como Hamlet, mirando calaveras,

cantando en la necrópolis estuve,

y demasiado tiempo me mantuve

alabando miradas y caderas.


Le he cantado a la luna cuando es hoz,

a la proximidad de las estrellas

lejanas, a lo grato y a lo atroz,


le he cantado al romance de los dos,

y cantándole a esas cosas bellas,

he escrito una canción que es para Dios.


Fecha: 02/02/2015

Estructura: Soneto clásico

Pablo Bejarano en 2015




Romeo sin Julieta

Esos fanales tuyos que parecen planetas,

esa boca de flor y sus dos hemisferios,

el bello corazón latiendo con dicterios,

las manos que cautivan la voz de los poetas,


ese cabello negro imitando cometas,

esas manos sutiles plagadas de misterios,

los suspiros venciendo mi orgullo y sus imperios,

la mirada que imanta a los anacoretas,


esos brazos perfectos que no me dan abrazos,

las quimeras de amor en donde yo no habito,

esas altas pestañas soñadas para ocasos,


este siempreteextraño que talla mis fracasos,

el brillante futuro donde todo está escrito

y no enviará Cupido hacia ti sus flechazos.


Esas blancas montañas que cruzan mi delirio,

esa límpida piel como sangre de invierno,

esos ósculos falsos que al pasar son infierno,

esos sueños distantes labrando mi martirio,


ese vaivén sensual que se volvió mi cirio,

esos ojos buscando mi voz en el cuaderno,

los volcanes posados en tu corpiño tierno,

los labios que copiaron su figura del lirio,


esa curva escabrosa que forma tu cintura,

esos cometas negros enmarcando tus ojos,

esos muslos ebúrneos de bella arquitectura,


ese río perfecto con caudal de ternura,

el abismo sublime de tus pétalos rojos,

esa nívea sonrisa de feliz catadura.


Estos dedos que cuentan sílabas en tu honor,

esas mejillas suaves pintadas con sonrojo,

la amarga margarita que por tu amor deshojo,

las columnas mostrando tu risa y su fulgor,


la perfección que tienes fomentando mi amor,

este sueño imposible punzante como abrojo,

esta pandemia triste que se lleva mi antojo,

esta acre soledad y mi terco dolor,


el ignoto ladrón de tu alma y tu suspiro,

las mariposas leves que no vuelan en ti,

las noches apagadas donde lloro y deliro,


la posible inocencia en la que yo me inspiro,

los poemas inéditos de verso baladí,

el caudal de tristeza que en tus lágrimas miro.


Este diario de amor que te asila en sus folios,

este triste Romeo que no tiene Julieta,

esos ósculos blandos convertidos en meta,

los sueños donde hace, la realidad, expolios,


las letras infinitas haciendo monopolios

en las páginas blancas que piden tu silueta,

los enigmas en ti por los que soy poeta,

los latidos que son tus cunas y mis solios,


esta cita de amigos que aumenta mi avidez,

esos tenues oteros debajo de tu espalda,

ese espíritu bueno manando candidez,


esa ambigua amalgama de experiencia y niñez,

tu estirpe de princesa sin ocupar guirnalda,

la albura inmaculada que gobierna tu tez.


Esos ojos y labios, ese negro cabello,

estos sueños nefastos, esta cruel soledad,

esas altas caderas, tu hermosa libertad,

estos versos cupídicos de trovador plebeyo,


esas pecas de ocaso y su rojo destello,

este ser camelado, esta triste amistad,

este oleaje en las manos, mi terrible ansiedad,

esta asidua memoria, este adiós sin resuello.


Tengo muchos motivios para amar tu grandeza

y profusas razones para emprender tu olvido:

el júbilo de verte, sin verte la tristeza.


Tengo muchas razones para amar tu belleza

y mil para borrar tus desaires bandidos,

pero millones para decirte: “mi princesa”.


Fecha: 31/01/2015

Estructura: Soneto alejandrino 

Pablo Bejarano en 2015




Ciudad Vieja

Ciudad Vieja, en el rastro de tu historia

se esconde la verdad de Guatemala,

y en el volcán que viste de mengala

el eco recurrente de tu gloria.


Las nubes se adormecen con su albura

sobre el templo de rostro inmaculado,

y el viento que camina desbocado

acaricia tu regia arquitectura.


Si admiro tu corona de volcanes

siento cómo galopan en mis venas

los versos que jamás serán inanes.


Siento cómo, en el cráter de mis dedos,

van naciendo metáforas serenas

que nunca utilizaron los aedos.


En tus cerros, parchados por las siembras,

germina diariamente la hermosura,

y en las noches de amor y de ternura,

el triunfo de “tus machos y tus hembras”.


Por tus campos de verde inacabable

se transforma el sudor del campesino

en río que galopa peregrino

como siguiendo un mar inalcanzable.


Extasiado por verte, cada día,

siento cómo en los prados de mi mente,

va creciendo una flor de poesía,


y cómo en el turpial de mi garganta

cobra vida un poema refulgente

que al salir se eterniza y se agiganta.


Oh, ciudad peregrina de los años,

constructora de asombro en nuestros ojos,

no consiguió el pasado y sus despojos

desvanecer la gloria de tu antaño.


No ha podido el silencio más profundo

enmudecer la voz de tus tambores

que anuncian, arropados por olores,

el paso de un cortejo pudibundo.


No podrá ni París ni Barcelona

deslucir la prosapia colonial

que en tus muros antiguos se aprisiona.


Y no podrá la danza de los sismos

destrozar, de tu templo angelical,

la gloria, con sus nuevos cataclismos.


Oh Ciudad Vieja, prístina ciudad,

cómo no amar tus grandes tradiciones

si en tu feria y tus bellas procesiones

respiramos amor y santidad,


si al recitar los veinticuatro diablos

nos dejan enseñanzas perdurables,

y miramos efigies venerables

oyendo al feligrés, en sus retablos.


Ciudad Vieja, recuerdo permanente,

quiero hacerte un poema que sea digno

de ti y tu arquitectura sorprendente,


que diga lo que siento cuando veo

tu templo inmaculado y me persigno

pensando en el creyente y el ateo.


Mi ciudad de pretéritas usanzas,

mi terruño con calles de ajedrez,

mi existencia de antes y después,

mi oasis oscilante, por sus dazas.


Oh mi vieja ciudad, mi Ciudad Vieja,

adorno del quetzal adormecido

que teje con barrancos su vestido

en que el celaje entero se refleja.


Deseo dibujarte en mi canción

con tus bailes de diablos y venados

y con tu Inmaculada Concepción.


Porque también soy hijo de Hunapú,

porque observo en mis párpados cerrados

la misma historia que divisas tú.


Fecha: No registrada

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Primer lugar, juegos florales estudiantiles de Ciudad Vieja, 2025.

Pablo Bejarano en 2020
Parque Central de Ciudad Vieja 


Sangre de octubre

Yo traigo en las entrañas de mi ser

el cuerpo rutilante de la estrella

y la canción fugaz que la centella

entona cuando estamos por llover.


Yo traigo una mujer de piel astuta

que he desnudado introspectivamente

y traigo en los abismos de mi mente

un recuerdo feliz que siempre muta.


Traigo un antiguo y límpido color

con el que voy pintando, paso a paso,

un tramo más para mi triste vida,


una pirámide con esplendor,

y un sol que se desmaya en el ocaso

cuando la luna invade su guarida.


Yo, el hombre de cortejos y volcanes,

el de la catadura de poeta,

el que trae incrustada una saeta

dentro de un corazón ya sin afanes,


me veo extrañamente transitado

por la sangre que corre presurosa

entre mis venas con rubor de rosa

y entre mi corazón enamorado,


y me siento poblado por luceros,

por un lozano arbusto de albas flores

y un río de quimeras surrealistas,


por los rayos del sol, alabarderos,

por los días sangrando sinsabores

y un enjambre fatal de antagonistas.


Yo traigo agazapados en mis dedos

las falanges de versos que no he escrito

y traigo en mis palabras un proscrito

poema que revela nuestros miedos.


Yo traigo navegando en mis retinas

las montañas viajeras de la mar

y en mi alma que no sabe renunciar

los sueños de palomas peregrinas,


un naufragio de rimas siderales,

un éxodo de hormigas luchadoras

y los atlas fugaces bajo el sol,


un puñado de ocasos estivales,

mediodías que matan las auroras

y un mar en el sublime caracol.


Traigo el instinto tierno de ese perro

que se aleja de todo lo que quiere,

pues piensa que a sus amos ya no hiere 

si fenece marchándose al destierro.


Traigo en mi cuerpo el reino de Afrodita

y en mi mar el vigor de Poseidón,

en mis fanales el fulgor de Orión

y en mi fe al Jesús que resucita.


Yo traigo a la sutil Venus de Milo,

la leyenda gentil de Ixmucané

y el misterio infeliz de Xibalbá.


También traigo un estambre y un pistilo,

a Cabral, a Serrat —por quien canté—

y la historia genial de Alí Babá.


Traigo el eco, en mi voz, de mil poemas

que rompen los cristales del rencor

y en mi bolígrafo un caudal de amor

que unifica a Erato y los grafemas.


Traigo lo mágico de los luceros

que se juntan estando a gran distancia,

traigo de los claveles la fragancia,

y, de los tropos, todos sus esteros.


Tengo un páramo, un bosque y un estío,

a mi padre, mi madre, a un buen hermano

y el ensueño de todo trovador.


Yo traigo mi libérrimo albedrío

que grita por el pueblo americano

cegado por la hambruna y el dolor.


Traigo dentro en mi alma lo que amo:

un sueño que se aloja en Boyacá,

un espejo azulino en Sololá

y un lirio que es cortado sin reclamo.


En mí traigo el dolor de los expósitos,

lo vil del holocausto de Jesús,

un ósculo en la ausencia de la luz

y un año nuevo lleno de propósitos.


Yo traigo en mis adentros todo el mundo,

su belleza, su edén y sus cadenas

y la estera verdosa que lo cubre.


Traigo un alma y un sueño de errabundo,

y sobre todo traigo entre mis venas

un río en el que va sangre de octubre.


Fecha: No registrada

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Primer lugar en Juegos Florales de Estanzuela, Zacapa, 2024

Pablo Bejarano en 2015


Guatemala I

¡Salve, patria querida; salve, mi Guatemala!

Deseo que tu nombre vaya henchido de paz

junto a la libertad que no muere jamás

y vuela cual quetzal en la más alta escala.


Quiero hacer en tu nombre poéticas empresas

y defenderte siempre de internos enemigos,

donde sean mis versos los únicos testigos

de tus días de tedio, de llanto y de tristeza.


Deseo disipar la maldad que te abruma,

borrarla eternamente de todos tus recuerdos,

y tu paisaje, así, quede libre de bruma.


Deseo enviar mi luz al manto tenebroso

que ofusca tu belleza con tiranos y lerdos,

para mirar tu cuerpo de nuevo fulguroso.


Deseo, Guatemala, mi Guatemala amada,

curarte las tristezas del pobre corazón,

decir que malherida está mi inspiración

por ver sobre tu tierra la paz desbaratada.


Deseo, Guatemala, pelear como el guerrero

que la tristeza ajena le duele como suya,

y decirte "yo soy el soñador que arrulla

tu alegría en su pluma de quetzal y trovero".


Quiero decirte, Patria, que veo en tu bandera

una nube partiendo el celaje azulino,

sirviendo de corona para tu primavera.


Quiero decirte, Patria, que estás en mi pasado,

estás en mi presente y estás en mi destino

como huella de amor que se ha petrificado.


Tienes en tus volcanes la fuerza natural

que nos hace luchar, con todo nuestro empeño,

por alcanzar la gloria de realizar un sueño

libertario y volátil, como el verde quetzal.


Tienes en tu horizonte, distante y quebrantado,

la eternidad que calma la sed de mis retinas

y la fuerza incansable de manos campesinas

trabajando tu campo ubérrimo y sagrado.


En el cielo poblando tu zigzagueante mapa

un millar de banderas, en noble procesión,

venerando el septiembre que ya no se agazapa.


Posees en tus mares las olas de belleza

que llevan en su lomo toda la inspiración

de los bardos que cantan con profusa destreza.


Tus hermosas pirámides nos relatan la historia

extasiante y gloriosa de tu bello pasado,

y en tus piedras grisáceas y en tu muro tallado

podemos recordar tu esplendor y tu gloria.


En tus verdes y grandes y frescas cordilleras

que serpentean libres en tu espalda sutil,

es posible observar el perfecto perfil

que han tallado los siglos y han tallado las eras.


En tus pueblos, derroche de ocasos y güipiles,

que han sido coloreados con la hermosa pintura

de millones de flores y sufridos textiles,


veo, patria querida, mi verso alejandrino,

mi rima consonante y la blanca escultura

que adorna la mirada del viejo peregrino.


La rosa de mi musa pienso despetalar

para luego tejer un collar de palabras

que se pose en las piedras donde miras y labras

las estelas que son aptas para admirar.


Me llevaré el encanto del quetzal y los ríos

que recorren tu cuerpo armados de belleza, 

tomaré de tus aves su trino y su pureza

y gastaré mis ojos mirando tus estíos.


De tu ceiba hurtaré sus brazos y su arte

para abrazar el viento con idilio frondoso,

para abrazarte fuerte y nunca más soltarte,


y hurtaré del teclado de la vieja marimba,

el sonido silvestre, alegre y melodioso,

que ponga en tus oídos la voz de la guarimba.


Guatemala, planeta de encanto y de fortuna,

que anidas en el pecho del jilguero terrestre,

quiero ver la galaxia de tu encanto silvestre

retratando en su faz el rostro de la luna.


Guatemala, reflejo del Edén en la tierra,

que duermes en la bella corona de naciones,

quiero escuchar por siempre el río de canciones

nacido de lo verde y lo alto de tu sierra.


Guatemala, poema sin versos y con playas,

deseo recitar los versos de tus mares,

las rimas silenciosas de tus estelas mayas.


Oh, Guatemala, amor eterno de mi vida,

vida que hace perpetuo mi amor sin avatares,

te quiero con la anchura del verso sin medida.


Te quiero con la fuerza del valiente Tecún,

adalid eminente, adalid aguerrido,

te quiero con el verde y profundo sonido

de la cueva portátil que tiene adentro el tun.


Con la húmeda fe que alambica el invierno

y anuncia la Cuaresma y la Semana Santa,

te quiero de Iximché a Tikal y a la Danta,

de La Antigua barroca, al lago sempiterno.


Porque eres, Guatemala, perla de primavera,

la sucursal del cielo en el centro del mundo

y un madrigal escrito con voz de cordillera,


un prisma que destella fulgores y matices,

por eso entonaré con mi timbre jocundo

el canto ahora escrito, raíz de mis raíces.


Te ofrezco, Guatemala, mi poema campero

que adormece en sus letras el pesar melancólico

que padece tu pueblo de espíritu bucólico

cuando siembra y cosecha fiascos para su esmero.


Te ofrezco, Guatemala, mi numen, mi poema

y todas las metáforas que alaban a Natura, 

por haber colocado en tu suave figura

un soneto boscoso, grafema por grafema.


Te doy todos mis versos para que los coloques

donde pones los versos, regalos de tu hijo,

te doy mis ojos tristes para que te desboques


con toda tu belleza en ellos, patria mía;

te regalo mi vida, te doy mi regocijo,

tu nombre convertido en magia y poesía.


Fecha: 24/09/2014

Estructura: Soneto alejandrino

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Estanzuela, Zacapa, 2019

Poeta Pablo Bejarano
Pablo Bejarano en 2015,
Sumpango, Sacatepéquez. 


Cuando muere la esperanza

Si tú sintieras estas cosas bellas que siento cuando el sol se debilita, si tú también miraras las estrellas pensando que mi nombre ahí levi...