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Canción a Dios

Ya le he cantado a todo el universo:

a las nubes dormidas en la mar,

a los amaneceres en el lar,

al aguacero rítmico del verso,


a la beldad de un rostro suave y terso,

al amor infeliz del lupanar,

al sueño que no pude realizar,

pero en mi mente sigue estando inmerso.


Con amor le canté a la musa Erato,

a la fuente inmortal de mi dolor,

a la ternura inmensa del neonato,


a la ilusión que sufre de maltrato,

a los nimbos platóricos de albor,

al pasado dormido en un retrato.


Le he cantado al suplicio y al placer,

al intersticio que vetó los besos,

a las cuentas que caen por decesos,

a las pestañas del amanecer,


a todas la campanas sin tañer,

al baile sin canción de los cerezos,

al portal que se abre con bostezos,

a la sonrisa fresca de mujer.


Ya le he cantado con dedicación

al invierno y su hiel de celibato,

al jardín bicolor de inspiración,


a los fiascos que da la emulación,

al oro que al crepúsculo hace grato,

al sonido triunfal de la canción.


Con palabras que llevan ilusión

le he cantado a la flor y su corola,

al penacho canoso de la ola, 

a los besos henchidos de pasión,


al valor que hay en cada concesión,

a la luz prisionera en la farola,

al la luna de argento y a su aureola,

al erguido volcán y su erupción,


le he cantado al cometa peregrino

que le dibuja cejas a la luna,

a mi perfil antiguo y aquilino,


al fuerte sufrimiento del bobino,

al desierto rayado por la duna,

al celaje dorado y vespertino.


Le he cantado a bandadas y a quimeras,

al cuerpo impredecible de la nube,

a las alas barrocas del querube,

a las olas de viento en las banderas.


Como Hamlet, mirando calaveras,

cantando en la necrópolis estuve,

y demasiado tiempo me mantuve

alabando miradas y caderas.


Le he cantado a la luna cuando es hoz,

a la proximidad de las estrellas

lejanas, a lo grato y a lo atroz,


le he cantado al romance de los dos,

y cantándole a esas cosas bellas,

he escrito una canción que es para Dios.


Fecha: 02/02/2015

Estructura: Soneto clásico

Pablo Bejarano en 2015




Epístola del futuro

El Señor con sus manos de alfarero

edificó calladamente el mundo

que vuela por el Cosmos moribundo

cual si fuera galáctico jilguero.


A este callado y pálido viajero

de altos volcanes y de mar profundo,

le regalo mi cántico fecundo 

de numen imborrable y lisonjero.


¡Oh planeta, lunar de otro celaje!

Eras tú el paraíso, la morada

de la fauna sedienta de boscaje,


pero tus hijos como mercenarios

maltrataron tu faz inmaculada,

pensando únicamente en los erarios.


¿Qué sucedió con el inquieto mar

que edificaba dunas cristalinas

y reflejaba estrellas diamantinas

y le dictaba versos al juglar?


¿En dónde está el espejo que, sin par,

desdibujando nubes peregrinas

hizo fiestas boyantes para ondinas,

y bordó con los peces un collar?


¡Ah, mar, eterno canto inmaculado!

El hombre ha utilizado tu aposento

para lanzar sus sobras, y ha dejado


como sol sin ecúmene a tus peces

que perdieron el agua y el aliento

a pesar de los ruegos y las preces.


El glauco en profusión de los follajes

que se hallaba de pájaros repletos

y cual astros cetrinos y coquetos

adornaban la faz de los pasajes,


extinguióse al morirse los boscajes

que recuerdo escribiendo mis sonetos

y adornaron con ceibas y cafetos

la desértica piel de los paisajes,


porque les chamuscaron las pestañas,

como diría un hombre en su novela,

en donde reveló cosas extrañas.


Ah, mis árboles glaucos y lozanos,

su crepúsculo obscuro es la secuela

de los actos injustos e inhumanos.


Los ríos cristalinos y premiosos

que formaban acuosas procesiones

o quizás diluidas emociones

moviendo sus caudales primorosos,


ahora son sepelios tenebrosos 

por las diarias y negras poluciones

que tiñen con tristeza y decepciones

sus cabellos brillantes y copiosos.


Del sistema sanguíneo de la tierra

sólo quedan los cauces cual señales 

de la vida que muere por la guerra.


Quisiera vislumbrarlos nuevamente 

galopando con límpidos raudales

ajenos al humano impertinente.


El estandarte azul que presumía 

un collar infinito de bajeles,

no ha vuelto a presumirnos los joyeles 

con los que diariamente se vestía.


Cambió su vespertina orfebrería 

por el traje de smog que los pinceles 

del hombre van pintando con las hieles

derramadas y escritas, día a día.


¡Oh párpado celeste de la tierra!,

tú también sucumbiste ante el humano

que vive solamente por la guerra.


En ti también cayó la lobreguez

que te viste de tétrico pantano,

más hondo y más oscuro cada vez.


El viento que volaba presuroso

como el hálito efímero de Dios 

sintió en su ser la polución atroz 

que provocaba el hombre tenebroso.


Ahora el colibrí, sin alborozo,

como estrella perdida vuela en pos

de la luz que fugándose veloz

nos abisma en el cielo penumbroso,


porque el hombre mató de la Natura 

la bucólica estera primorosa

actuando como otario: sin cordura.


Y la tierra al perder el estoicismo,

perdió también los pétalos de rosa

y se hundió en el sopor del cataclismo.


Nuestro mundo es ahora otro Neptuno,

sin junglas, sin océanos ni animales;

no es nada como en tiempos ancestrales,

ya no existe el edén del siglo uno.


Aquel hermoso mundo, cual ninguno,

que tenía bellezas siderales,

padeció poluciones criminales

en el momento más inoportuno.


Los robots de intelecto sobrehumano,

los castillos que llegan a la luna,

junto al conocimiento cotidiano,


marchitan la belleza de la tierra,

y dejan a sus vástagos sin cuna,

en un mundo al que el óbito se aferra.


Quiero enviar a la gente inmaculada 

que aún habita límpido planeta

los versos moribundos del poeta

que vive en una tierra maltratada.


Enviar quiero mi epístola indignada

al ayer, cual mensaje de profeta,

para salvar el astro anacoreta

que en su tiempo no tiene maltratada


la cara de sublime paraíso,

porque no existe humano petulante

que gaste más allá de lo preciso.


Quiero mandar mi epístola pidiente

para ver el paisaje rutilante 

en su tiempo, en el nuestro, ¡eternamente!


Fecha: 07/05/2014

Estructura: Soneto 

Premio: Primer lugar en los Juegos Florales de La Democracia, Escuintla, 2018. (Compartido con otro poema)

Pablo Bejarano en 2014,
Santa Catarina Barahona. 


Tu poeta

No soy bohemio, tampoco cantor,

soy un humilde y tenaz soñador;

mi inspiración nunca ha sido sublime,

pero, al saber de tu amor, se redime.


Yo no poseo el talento de un vate,

sólo el ensueño febril del orate

que en el jardín de papel, con su alma,

dibuja flores de amor y de calma,


pero si bardo me llaman ahora

es por tu rostro de flor que enamora,

por tu paraje poblado de estrellas,


porque me hiciste un humilde juglar

con tus fanales de miel y de mar,

con tu follaje de oscuras centellas.


El incansable riachuelo de musas

con el que engendro lisonjas profusas,

vive en mi ser porque tú lo edificas

con la copiosa beldad que alambicas.


Aquella rima en eterno naufragio

por la que nadie me daba un sufragio,

llegó a mi playa llamada libreta

la vez que tú me llamaste poeta,


y con mis versos formé, sobre el viento,

la sinfonía que en este momento

nutre mi alma de amor y bondad,


y encaminé la ilusión al papel

desde que tuve en los labios la miel

que destilaba tu regia beldad.


Esa metáfora en mí reprimida

como erupción que no encuentra salida,

desembocó en mi sutil florilegio

al ver tu rostro perínclito y regio.


Aquella anáfora de mis poemas

la descubrí al querer, con grafemas,

tallar tu nombre y tus ojos brillantes

en un soneto de versos triunfantes.


Pude aprender la retórica extraña

para adular tu beldad de montaña

con un poema preciso y hermoso


y descubrí espinelas, pareados,

octavas reales y versos rimados

para cantarle a tu rostro precioso.


Y descubrí que podría plasmar

en los poemas tu rostro de mar

si detenía tu boca en mis ojos

y la plasmaba con letras y antojos.


A tu llegada también el Parnaso

vino a brindarme sonetos de ocaso

para dejar mi libreta pletórica

de inspiración, de prosodia y retórica,


pues eres tú mi lirismo y papel,

eres el grácil y eterno pincel

con que revivo en el alma los versos.


Eres mi musa, también mi elocuencia,

eres la hermosa y sutil eminencia

por la que canto en los días adversos.


Vate, poeta, juglar o trovero,

aedo, bardo, cantor o coplero,

no es importante ningún adjetivo

si con mis versos ya no te cautivo,


porque la humilde y febril poesía

no es de mis manos, la musa no es mía,

es sólo el fruto que yo coseché

en tu mirada dadora de fe,


y es que quizás yo no soy escritor

y sólo escribo pensando en tu amor,

en tu cabello y tus labios de rosa,


y si lo soy, soy nomás tu poeta,

porque si un día se va tu silueta,

también se iría mi vida dichosa.


Fecha: 2013

Estructura: Soneto de rima pareada

Pablo Bejarano en 2012

Alma petrificada

Siempre fue mi deseo vivir en tu quimera

y ahora, ya sin ti, se fue mi primavera

y vino la hojarasca de llanto y poesía

a alimentar con lágrimas tu mar de egolatría.


Los oscuros vestigios de un brillante pasado

dejan mi corazón marchito y desolado

buscando la manera de cambiar el destino

y llevar sus latidos de viaje a tu camino.


Me lastima mirar que muerta mi ilusión,

como barco inservible, se ha quedado atracada

en tu mar donde reina la oscura decepción.


Duele quedarme hundido en esta punición

y mirar que la fiesta de tu sonrisa, ajada,

se borra rápidamente con esta situación.


Viendo que nuestro amor ha sido más precario

que la felicidad de un triste mercenario,

es preciso empacar mi triste poesía

e irme con mis versos en una romería.


Es preciso admitir que mi triste destino

ha colocado oprobios que nublan mi camino,

y que sólo serán mis ojos una empresa

de muerte pasajera y de eterna tristeza.


Es preciso entender que ha sido tu misión

vivir lejos de mí en el país oscuro

donde gobierna siempre la negra inspiración.


Que es ahora tu sino ser sólo la razón

de vida para el hombre que cambia mi futuro

y envía al cementerio mi más grande ilusión.


Aquel castillo lírico, erigido con versos,

nos quedó tan dañado, tras los tiempos adversos,

que fue sustituido por la melancolía

plantada en mis ensueños por tu cicatería.


Mi bolígrafo umbrío se olvidó de escribirte

aquella noche azul en que empezaste a irte

y dejaste en mis manos un silencio profundo

que podría apagar el sonido del mundo.


Me quedé sin Parnaso y me quedé sin ti,

me quedé sin espíritu, sin tu amor y tu miel,

cual se queda sin alas el triste colibrí.


Perdí la inspiración, todo dentro de mí,

al saber que reías en el pecho de él

mientras yo suspiraba donde un día reí.


Todo lo que anhelé nunca fue realizado,

me quedé sin futuro, me quedé sin pasado,

y viendo que no tiene valor ni plusvalía

esta oscura, fatal y terrible elegía.


La negra soledad aterrizó en mis ojos

fundó en mí su estadía habitada de abrojos,

como si presagiara una temprana muerte

para el hombre que otrora se presumía fuerte.


Por eso ahora creo que tendré redención

si consigo tener mi alma petrificada

para no amar a nadie que hiera mi ilusión,


para no regresar a ser ese bufón

que trasplantó los ríos a su umbría mirada

por todos los desprecios, por cada decepción.


Fecha: 2012

Estructura: Soneto alejandrino

Pablo Bejarano en 2012

Dosis del pasado

Me han derrocado por fin de tu ser,

cuando creía tu amor infalible

nos alcanzó aquel epílogo horrible

y marchitó tu arcoíris, mujer.


Nuestra pasión terminó por barullo,

por tanta abulia, por tanta apatía,

porque la culpa fue tuya y fue mía

aunque dijera otra cosa el orgullo.


Aquellos días que juntos vivimos,

no volverán aunque el tiempo regrese

pues ya murió la ilusión que tuvimos,


porque no hay forma de que el sufrimiento

que me hace daño y también me estremece,

me deje en paz aunque sea un momento.


Y ya verás, corazón indecente,

que no planeo cambiar tu destino;

yo decidí bifurcar el camino

y desterrarte, por fin, de mi mente,


y mi deseo es mirarte feliz

y no enlazada a los hombres infames,

para que lágrimas ya no derrames

sobre tu rostro perfecto de lis.


Ya no te inmerses jamás en la hiel

sino en un mar de infinita alegría

que tenga amor verdadero a granel,


para que tú, de mi vida, lejana,

puedas borrar la fatal cobardía

con que eclipsé tu mirada temprana.


Al embriagarme en tu rojo embeleso

que danza igual que frontera de mar,

me he percatado que debo nadar

siempre en la extinta laguna de un beso,


y que la cuita alojada en mi mente

solo con dosis de nuestro pasado,

con un suspiro febril y encantado

se marchará de manera silente.


Yo mientras tanto, diré una mentira

al corazón para hacerle creer

que hay otro rostro y ahora me inspira,


para salvar la tristeza terrible

con la que tú fusilaste, mujer,

las ilusiones de mi alma sensible.


Ya sin tu amor, por caminos distantes,

voy orbitando los rasgos del mundo

con equipaje mortal, tremebundo,

ya sin quimeras o sueños de amante.


Sin tu presencia, no logro cantar,

he aterrizado en el negro mutismo

que me va hundiendo en el tétrico abismo

donde las cuitas se vuelven un mar,


y, sin embargo, el vergel de dolores

que entre los dos conseguimos hacer

lo vencería un racimo de flores,


porque, aunque al fin se marchó nuestro amor,

siempre estarás impregnada en mi ser,

como balandro de paz, sin rencor.


Fecha: 2012 

Estructura: Soneto de cuartetos independientes

Pablo Bejarano en 2011

Efímero amor

I

Amor, tú fuiste el faro de mi vida,

la curva de mi boca al sonreír,

mi motivo más grande de existir

y, a veces, mi ilusión triste y suicida…


Aún pueblas mis sueños sutilmente

con tus labios mullidos de doncella,

con tu brillo perfecto de centella

y tus ojos de ocaso incandescente.


Tu rostro celestial que fue la aurora

en mis noches bañadas de penumbra

es aún el fulgor que me enamora,


y aquel límpido amor sin mortandad

(oh mi efímera luz que ya no alumbra)

es mi sueño muriendo en soledad.


II

Te obsequié, corazón alabastrino,

el cielo y su costumbre de brillar,

como el viento regala para el mar

un volcán pasajero y azulino…


Ya entendí que el idilio caducó,

ya el sol de soledad cubre mi cielo,

ya te he dado el adiós con mi pañuelo

y he enterrado el ensueño que murió,


para dejar de hacerte vanos cultos

y asediarte al decir: “Amor, extraño

tus besos e inclusive tus insultos,


extraño nuestras tardes resguardadas

por un amor con ínfulas de antaño,

cuando estaban las manos enlazadas."


III

Transitamos un largo protocolo

para experimentar un corto amor

que al morir dejó lluvias de dolor

en este corazón que vive solo.


Solo puedo asumir que ya perdí

tu encanto fascinante de mujer,

que todo se ha perdido en el ayer

y que jamás has de volver a mí.


Aunque tú encontrarás otro aposento

siempre voy a buscarte aquí a mi lado

llorando por tu amor, con sentimiento,


y aunque ya no seremos la pareja

que camina hacia el tiempo insospechado,

te veré en el cristal que me refleja.


IV

Fue tan inmaculado nuestro amor

que borró mi tristeza sepulcral,

que llegó como un viento celestial

a disipar mi tétrico dolor...


Y aunque nuestro romance fue precario,

me brindó regocijo en plenitud,

me dio de hermosos días un alud

y febreros en todo el calendario.


Por eso, resignado, me hago fuerte

y logro comprender tu fantasía

más allá del amor y de la muerte,


por eso para ya no lastimarte,

aunque me cubra la melancolía,

te diré que he dejado de adorarte.


Fecha: 2012

Estructura: Soneto de cuartetos independientes

Pablo Bejarano en 2011

Cuando muere la esperanza

Si tú sintieras estas cosas bellas que siento cuando el sol se debilita, si tú también miraras las estrellas pensando que mi nombre ahí levi...