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Esbozo de muerte

Hoy el miedo atraviesa por mi voz,

sabiendo que el amor correspondido

no alcanzará para decir adiós 

a esta soledad donde me anido. 


Hoy el llanto atraviesa como esbozo  

de muerte los rescoldos de mi pecho,

cuando sé que he perdido mi derecho 

a vivir el amor como algo hermoso...


Son diarios los vejámenes y así

no encontraré jamás un alma buena 

que encarne solamente para mí...


Pongo los ojos en la luna llena,

esperando que un día por aquí 

ya no exista dolor ni exista pena...


Fecha: 11/01/2016

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Pablo Bejarano en 2018.
Museo del Ferrocarril.


Me hundo en las estrellas

Me hundo en las estrellas y no encuentro 

imágenes que hablen de tu faz 

o canten los encantos que jamás 

luciría otro rostro sin tu aliento.


Recorro el universo y voy en pos 

de un rostro que supere tu belleza;

y si lo encuentro, para mi tristeza,

sería el rostro diáfano de Dios.


Recorro el mundo entero y todo es vano,

amor: sobre tu rostro es la hermosura,

sobre tu rostro y no sobre otro humano.


Eres el arquetipo de ternura,

la razón de los versos en mi mano,

eres, y tu existencia me tortura.


Fecha: 15/12/2015

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Pablo Bejarano en 2019.



Sabrás que no soy Dios

Cuantos caminos tracen entre nos

alguna noche habré de recorrer,

y por hombre sabré que eres mujer 

y por mujer sabrás que no soy Dios. 


Todos caminaré para enseñarte,

amor, cuánto te adoro y te venero,

y vivir cada mes como en febrero 

y admirar cada cosa como arte. 


Y buscaré por ti todas las rimas

para hacerte poemas hasta el fin

de mi vida, entre libros y tarimas.


Una vez y otra vez daré mis pasos 

para ir del desierto hacia el jardín 

de tus ojos, tus labios y tus brazos.


Fecha: 20/10/2015 

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Pablo Bejarano en 2015.


La soledad

La soledad es una lluvia eterna

que rebosa la mente de amargura,

es una puñalada cruel y dura 

y se vuelve rocío en la taberna.


La soledad es un desfile umbrío 

y anochece el espíritu, el futuro,

es un sorbo tirano de cianuro 

y un desagüe de odio sobre el río.


Es una noche de mirada triste;

te envuelve en su penumbra y te motiva 

a llorar por las cosas que perdiste. 


Es la muerte más dura y es el luto 

por aquella ilusión que fugitiva 

se marcha luego de comer el fruto.


Fecha: 23/06/2015

Estructura: Sonetos de cuartetos independientes 

Pablo Bejarano en 2013.


Año viejo

El año exhala sus últimos días

y deja en mí remembranzas confusas,

deja un raudal de canciones y musas

y muchos ósculos sin alegrías.


El año muere de luces rodeado

por su complejo de estrella fugaz;

no sé si muere inconforme o en paz,

yo solo sé que se marcha al pasado.


El año muere, mas yo lo despido

con mi sonrisa de antiguo cardumen

que nada tiene que ver con Cupido...


Adiós, sublime y querido viajero,

te vas sin meses, te llevas mi numen

y mi ilusión de escuchar un «te quiero».


Fecha: 27/12/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Pablo Bejarano en 2013.




Coronas

 I

Tus padres coronaron con sus besos

tu blanca sien a un reino prometida,

después te coronó con embelesos

tu cabello y su lluvia malherida.


Por tu aspecto de reina las coronas

se te dieron en formas diferentes:

te coronó la flor con sus aromas

y el sol con sus venablos refulgentes.


En Salcajá los cerros enlazados 

parece que se posan en tu sien

para nombrarte reina del Edén,


y si tienes los párpados cerrados

son coronas tus fúlgidas pestañas 

que imitan a la aurora y sus guadañas.


II

Ahora te coronan en tu villa;

de los juegos florales eres musa 

por gracia de tu piel que blanca brilla,

también de tu belleza, hoy más profusa.


Reina naciste y reina vivirás.

La realeza en tu rostro de marfil 

no se deslucirá porque jamás 

querrá deshabitar tu albo perfil…


Entre tantas coronas que te han dado

dignas de tu hermosura de princesa,

yo deseo pedirte, con destreza,


que esta noche de viento acelerado

en que me ves con esos universos,

aceptes la corona de mis versos.


Fecha: 24/07/2017

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Nota: Salutación a la Musa del Certamen Literario "Werner Ovalle López" de Salcajá, 2017: Laura Ovalle, quien aparece en la fotografía. 

Pablo Bejarano en 2017.
Gala de premiación de los Juegos Florales de Salcajá.




Amatitlán

Cuando empezaba a conformarse el mundo,

Dios hizo, con sus manos de pintor,

un paisaje erizado de fulgor

llamado Amatitlán. De lo profundo


de sus aguas, sus cerros y boscajes,

emerge la silueta del Pacaya

con su aspecto de tórrida atalaya

para apuñalar todos los celajes.


La mezcla de lo azul y lo cetrino

que se duerme entre el lago y las montañas 

construye asombro en cada peregrino


que ha venido de lejos a observar

cómo guarda la tierra en sus entrañas

un fragmento esporádico de mar.


Y después fue adornado con la gente

y con la magia del funicular,

donde el turista sube a divisar

el color de esperanza y mar ardiente.


Edificaron en su antigua vera

el hermoso Castillo de Dorión,

para brindarle al vate inspiración

con la Edad Media y con la primavera.


Entonces pudo verse sobre el lago

un madrigal de rima consonante,

hoy malherido por el mal aciago


que a sus bellas ondinas aniquila;

por eso, hermanos, es preponderante

conservar lo que aprecia la pupila.


Desde ahí puede verse la hermosura

de la verde Laguna de Calderas

que, en su acuático aljófar de quimeras,

lleva la poesía y la ternura,


lleva el numen de cada peregrino,

de mi mente y mi mano de trovero,

y se hunde en el largo derrotero

del poema y su rítmico destino.


Y podemos mirar la tradición

cuando en el lago va el Niño de Atocha

derramando su paz y bendición


en todos los que buscan, con la fe,

encaminar su alma por la trocha

en donde alguna vez caminaré.


Amatitlán es gloria y paraíso,

es cuna de crepúsculos dorados

y deja nuestros ojos extasiados

cuando el viento da vuelta en su carrizo.


Su volcán es eterno centinela

de jóvenes, de niños y de viejos

y en su rostro se tienden los reflejos

del crepúsculo suave y su acuarela.


Sus ocasos son bella orfebrería

acostada en los cúmulos viadores

y sus mañanas son de poesía,


sus noches un resumen estelar

y sus aguas el llanto de las flores

que tienen la fortuna de llorar.


La procesión que va sobre las olas

siembra ilusiones en su itinerario

y le brinda sonidos al breviario

de las personas que se sienten solas,


va sembrando milagros en las almas

de su pueblo y de toda la nación

y la gente demuestra devoción

dibujando un capullo con sus palmas.


Amatitlán es gloria y es edén,

es la obra maestra de Natura,

resplandece al compás de su vaivén,


el vaivén que tomó de los follajes

y es la danza premiosa que perdura

coqueteándole a todos los celajes...


Amatitlán, no existen adjetivos

para expresar la magna excelsitud

que se desborda como inmenso alud

de paisajes hermosos y festivos,


y no existe poema lisonjero

que logre darle rima a tu hermosura,

porque resulta poca la ternura

que pudiera mostrarnos el trovero


cuando se trata de escribir por ti.

En tu paisaje glauco se condensa

el vuelo pertinaz del colibrí,


los parajes que mira el azacuán,

el universo y su extensión inmensa,

porque eres un crisol, Amatitlán.


Fecha: 19/02/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Pablo Bejarano en 2016
Lago de Amatitlán, Guatemala


Ayutla

En el umbral del universo azteca,

en el ocaso del planeta maya,

Dios inspecciona desde su atalaya

la más grande beldad guatemalteca.


En la vera del diáfano Suchiate

que reptando disgrega dos países,

un paraje de prístinos matices

acrecienta la ráfaga del vate.


En San Marcos se encuentra adormecida

y lleva el nombre de Tecún Umán

esta ciudad de gente conmovida.


Es un lugar de ocasos carmesí,

un reino con mañanas de azafrán

que embriaga, con dulzura, al colibrí.


El Naranjo da ósculos fluviales

al encanto de Ayutla en la frontera,

¡oh orgullo de la Eterna Primavera

que posee embelesos siderales!


La falange de fúlgidos luceros

que ha sido comandada por la luna,

constela cada noche la comuna

poblada por encantos lisonjeros.


Es Ayutla la puerta a la nación,

un pedazo de edén en este mundo,

la simiente sutil de mi ilusión.


Es Ayutla un océano de cristal

y posee el encanto rubicundo

de algún ecosistema celestial.


El nombre del caudillo nacional

corona su preciosa cabecera,

defiende a Guatemala en la frontera

con vigor aguerrido y ancestral.


Su nombre es el sumario de la historia

que dejara el pasado con la lid

donde murió el intrépido adalid

que su nación eterizó con gloria.


Es Ayutla la bella remembranza

del más bello y acérrimo guerrero

que sembrara en su tierra la esperanza.


Aquel que se enfrentara con la suerte

para hacer en nosotros hacedero

un camino mejor hacia la muerte.


Después del español y su perjuicio

la nombraron Ayutla por los motes

que indicaban que para los ayotes

poseía agro ubérrimo y propicio.


Ayutla es el pontón que cohesiona

el numen, el poema y la ilusión,

es Ayutla la pétrea inspiración

que todos mis renglones impresiona.


Es Ayutla el aljófar eminente

que alumbra cada noche y cada día

con todo su esplendor incandescente.


Es Ayutla el edénico aposento,

la musa con que muere mi elegía

y sube mi poema al firmamento.


Andar enteramente en el planeta,

caminar en Mompós o en Barcelona,

no es lo que me fascina y me emociona,

no es lo que me convierte en un poeta.


Porque en cada momento desearía

caminar hacia Ayutla inmaculada

y palpar esa tierra embalsamada

por cascadas de amor y de ambrosía.


Con nada es asequible cotejar

la beldad que en Ayutla se vislumbra

y es capaz de hacer poco cielo y mar.


Ayutla es un titánico diamante,

sol que disipa toda la penumbra

y me asesina cuando estoy distante.


Fecha: 05/01/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Ayutla, San Marcos, 2024

Pablo Bejarano en 2024,
Acto de premiación en Ayutla, San Marcos,
Aparecen en la foto,  de izquierda a derecha:
Ronald Roduel Pérez García,
Pablo Bejarano, 
Fidel Flores y
Arístides Bejarano 



Ojos de esmeralda

Mirar cómo navegas en la boga

vestida de belleza y perfección

y exhalar un suspiro de emoción,

es el cuento terrible que me ahoga.


Soñar con tus pestañas infinitas,

con tus labios de rosa sempiterna,

soñar con tu mirada que se invierna,

se volvió mi odisea favorita.


Ver en las pasarelas tu figura

como una romería de embelesos,

poco a poco me roba la cordura.


Anhelar el almíbar de tus besos,

es triste, cuando veo en tu cintura,

un encanto que a todos deja presos.


¿Cómo hacer que tus ojos soñadores

vean mi faz, escasa de hermosura?

¿Cómo hacer que tu blanca arquitectura

se estremezca con versos y con flores?


¿Cómo hacer que dirijas tu mirada

al puerto donde viajo con mi pena?

¿Cómo puedo traerte a la verbena

donde serías reina inmaculada?


¿Cómo hacerme notar en la jauría

que camina detrás de tus encantos,

si tan sólo poseo poesía,


sin son pocas las rimas de mis cantos

para hacer que florezca tu alegría

como lo hacen los bellos amarantos?


Cuántas veces tu rostro de esmeralda

se adornó con ciruelas en la boca,

cuántas veces tus labios en la copa 

bebieron al ganar otra guirnalda,


mientras solo veía tus retratos

disparando suspiros en el viento,

deseando que viniera ese momento

cuando todos los besos fueran gratos.


La selva de tus ojos me fascina

y la piel delicada de tu espalda

es la brecha triunfal donde camina


el sueño inverosímil que respalda

la magia de tu boca alabastrina,

la gracia de tus ojos de Esmeralda.


Fecha: 07/05/2015

Estructura: Soneto de cuartetos independientes

Pablo Bejarano en 2015


Ciudad Vieja

Ciudad Vieja, en el rastro de tu historia

se esconde la verdad de Guatemala,

y en el volcán que viste de mengala

el eco recurrente de tu gloria.


Las nubes se adormecen con su albura

sobre el templo de rostro inmaculado,

y el viento que camina desbocado

acaricia tu regia arquitectura.


Si admiro tu corona de volcanes

siento cómo galopan en mis venas

los versos que jamás serán inanes.


Siento cómo, en el cráter de mis dedos,

van naciendo metáforas serenas

que nunca utilizaron los aedos.


En tus cerros, parchados por las siembras,

germina diariamente la hermosura,

y en las noches de amor y de ternura,

el triunfo de “tus machos y tus hembras”.


Por tus campos de verde inacabable

se transforma el sudor del campesino

en río que galopa peregrino

como siguiendo un mar inalcanzable.


Extasiado por verte, cada día,

siento cómo en los prados de mi mente,

va creciendo una flor de poesía,


y cómo en el turpial de mi garganta

cobra vida un poema refulgente

que al salir se eterniza y se agiganta.


Oh, ciudad peregrina de los años,

constructora de asombro en nuestros ojos,

no consiguió el pasado y sus despojos

desvanecer la gloria de tu antaño.


No ha podido el silencio más profundo

enmudecer la voz de tus tambores

que anuncian, arropados por olores,

el paso de un cortejo pudibundo.


No podrá ni París ni Barcelona

deslucir la prosapia colonial

que en tus muros antiguos se aprisiona.


Y no podrá la danza de los sismos

destrozar, de tu templo angelical,

la gloria, con sus nuevos cataclismos.


Oh Ciudad Vieja, prístina ciudad,

cómo no amar tus grandes tradiciones

si en tu feria y tus bellas procesiones

respiramos amor y santidad,


si al recitar los veinticuatro diablos

nos dejan enseñanzas perdurables,

y miramos efigies venerables

oyendo al feligrés, en sus retablos.


Ciudad Vieja, recuerdo permanente,

quiero hacerte un poema que sea digno

de ti y tu arquitectura sorprendente,


que diga lo que siento cuando veo

tu templo inmaculado y me persigno

pensando en el creyente y el ateo.


Mi ciudad de pretéritas usanzas,

mi terruño con calles de ajedrez,

mi existencia de antes y después,

mi oasis oscilante, por sus dazas.


Oh mi vieja ciudad, mi Ciudad Vieja,

adorno del quetzal adormecido

que teje con barrancos su vestido

en que el celaje entero se refleja.


Deseo dibujarte en mi canción

con tus bailes de diablos y venados

y con tu Inmaculada Concepción.


Porque también soy hijo de Hunapú,

porque observo en mis párpados cerrados

la misma historia que divisas tú.


Fecha: No registrada

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Primer lugar, juegos florales estudiantiles de Ciudad Vieja, 2025.

Pablo Bejarano en 2020
Parque Central de Ciudad Vieja 


Sangre de octubre

Yo traigo en las entrañas de mi ser

el cuerpo rutilante de la estrella

y la canción fugaz que la centella

entona cuando estamos por llover.


Yo traigo una mujer de piel astuta

que he desnudado introspectivamente

y traigo en los abismos de mi mente

un recuerdo feliz que siempre muta.


Traigo un antiguo y límpido color

con el que voy pintando, paso a paso,

un tramo más para mi triste vida,


una pirámide con esplendor,

y un sol que se desmaya en el ocaso

cuando la luna invade su guarida.


Yo, el hombre de cortejos y volcanes,

el de la catadura de poeta,

el que trae incrustada una saeta

dentro de un corazón ya sin afanes,


me veo extrañamente transitado

por la sangre que corre presurosa

entre mis venas con rubor de rosa

y entre mi corazón enamorado,


y me siento poblado por luceros,

por un lozano arbusto de albas flores

y un río de quimeras surrealistas,


por los rayos del sol, alabarderos,

por los días sangrando sinsabores

y un enjambre fatal de antagonistas.


Yo traigo agazapados en mis dedos

las falanges de versos que no he escrito

y traigo en mis palabras un proscrito

poema que revela nuestros miedos.


Yo traigo navegando en mis retinas

las montañas viajeras de la mar

y en mi alma que no sabe renunciar

los sueños de palomas peregrinas,


un naufragio de rimas siderales,

un éxodo de hormigas luchadoras

y los atlas fugaces bajo el sol,


un puñado de ocasos estivales,

mediodías que matan las auroras

y un mar en el sublime caracol.


Traigo el instinto tierno de ese perro

que se aleja de todo lo que quiere,

pues piensa que a sus amos ya no hiere 

si fenece marchándose al destierro.


Traigo en mi cuerpo el reino de Afrodita

y en mi mar el vigor de Poseidón,

en mis fanales el fulgor de Orión

y en mi fe al Jesús que resucita.


Yo traigo a la sutil Venus de Milo,

la leyenda gentil de Ixmucané

y el misterio infeliz de Xibalbá.


También traigo un estambre y un pistilo,

a Cabral, a Serrat —por quien canté—

y la historia genial de Alí Babá.


Traigo el eco, en mi voz, de mil poemas

que rompen los cristales del rencor

y en mi bolígrafo un caudal de amor

que unifica a Erato y los grafemas.


Traigo lo mágico de los luceros

que se juntan estando a gran distancia,

traigo de los claveles la fragancia,

y, de los tropos, todos sus esteros.


Tengo un páramo, un bosque y un estío,

a mi padre, mi madre, a un buen hermano

y el ensueño de todo trovador.


Yo traigo mi libérrimo albedrío

que grita por el pueblo americano

cegado por la hambruna y el dolor.


Traigo dentro en mi alma lo que amo:

un sueño que se aloja en Boyacá,

un espejo azulino en Sololá

y un lirio que es cortado sin reclamo.


En mí traigo el dolor de los expósitos,

lo vil del holocausto de Jesús,

un ósculo en la ausencia de la luz

y un año nuevo lleno de propósitos.


Yo traigo en mis adentros todo el mundo,

su belleza, su edén y sus cadenas

y la estera verdosa que lo cubre.


Traigo un alma y un sueño de errabundo,

y sobre todo traigo entre mis venas

un río en el que va sangre de octubre.


Fecha: No registrada

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Primer lugar en Juegos Florales de Estanzuela, Zacapa, 2024

Pablo Bejarano en 2015


Sencillez

Tengo el recuerdo de la pluma extinta

que erupcionó un enjambre de poemas

y bordó con sublime y negra tinta

mi dolor, entre folios y grafemas.


Tengo dos cielos blancos habitados

con sueños convertidos en canción

y poseo sonetos coronados

con un brillo sutil de inspiración.


Yo le canto a la luna que en su viaje

desdibuja fronteras y rencores

mientras viste de brillos el paisaje,


al sangriento desmayo que en el cielo

inventa con las nubes nuevas flores

imitando el jardín de nuestro suelo.


No tengo una morada, sí un planeta,

tampoco tengo un techo, tengo un cielo,

que con brillo viajero de cometa

le dibuja pestañas al desvelo.


Poseo un arsenal de nuevas risas

que ayudan a salvarnos de maldades,

un conjunto de églogas concisas

que llenan mis silentes oquedades.


Dos perlas incrustadas en mi faz,

en mi boca un collar níveo de hadas

y en mi alma un río diáfano de paz.


Tengo fortunas y no tengo oro,

por eso mis ideas son sagradas

y escucho, de los ángeles, el coro.


Poseo el patrimonio más valioso

porque tengo personas a mi vera,

los versos de un poema primoroso

y un país de perpetua primavera.


Poseo un aeropuerto para musas

en mi mente que siempre está esperando

el río de las églogas profusas

siempre presentes cuando estoy llorando.


Tengo una bicicleta peregrina

que derroca a mi triste soledad

con su trotar de luna alabastrina


y también tres volcanes colosales,

la más grande y valiosa libertad

corriendo por mis venas a raudales.


Tengo muchos caminos por andar

descubriendo montañas, viendo el río,

observando los brazos de la mar

y los lirios lozanos del estío.


Tengo el pan necesario en las mañanas

para vencer la hambruna que me aqueja

forjado en las acérrimas entrañas

del padre que me adora y me aconseja,


las noches consagradas a mi vida

para leer los libros más preciados

que me dejan el alma estremecida,


también una ilusión de vano amor

que se nutre de llantos desbocados,

de angustia, de tristeza y de dolor.


Tengo el viento rozando mis cabellos,

las nubes como témperas de ocaso,

la sangre celestial de los plebeyos

y la alquimia final para el fracaso.


Tengo un desfile mágico de instantes

amorosos, felices y confusos,

un puñado de versos que boyantes

han quedado en mis páginas, reclusos.


Lo que tengo me da felicidad,

lo que me falta en cambio da ufanía,

por eso yo poseo libertad,


y por eso es que soy hombre dichoso,

porque encuentro a mi paso, cada día,

un paisaje perínclito y hermoso.


Tengo el sol con sus ríos incendiados,

los ríos con sus soles diluidos

que opacan los diamantes codiciados

y también los rubíes más queridos.


Si formo con las nubes romerías

que vuelan por el cielo con su gracia,

para qué quiero las bisuterías

si no traen más cosa que desgracia,


para qué los joyeles donde el oro

imitar no consigue al girasol

por mucho que lo intente, con decoro,


para qué las mansiones más suntuosas,

si voy a estar aislado como el sol,

alejado del mar y de las rosas.

 

Yo me rehúso a ser un prisionero,

ya no quiero vivir con fatuidad,

en un mundo repleto de dinero

donde todo es rencor y soledad.


Cuando hay cosas sencillas y complejas,

las complejas deslumbran la mirada,

porque ellas nos cautivan en las rejas

del oro, prometiendo que la amada


en nosotros pondrá sus ambiciones.

Yo tengo propagadas en mi mente

las rimas que entretejen ilusiones.


Poseo los consejos que he leído

en un libro de pasta casi ausente,

dichos por el maestro más querido.


Tengo un íngrimo y pulcro corazón

que dice, en clave morse, "sigo vivo", 

y alimenta mi musa y mi ilusión

y mata mi deseo subversivo.


Tengo el bosque poblado por horneros,

la pluma que ha bordado madrigales,

un conjunto de viejos cancioneros

imitando el trinar de los turpiales.


También tengo la mágica alegría,

superior a la muerte y la tristeza,

un estribillo eterno en la elegía,


los restos de mi vieja soledad,

un destello borroso en mi destreza

y todo lo que da tranquilidad.


Poseo dos cascadas sobre mí

cuando los sueños vanos se diluyen,

el Parnaso llamado baladí

por aquellos que símbolos no intuyen.


El viento fusilando mis ventanas,

la hojarasca que huérfana de vida

va cantando las penas cotidianas

del alma maltratada y abatida,


el correr de libérrimos ideales

que marchan por los mismos derroteros

donde vuelan, exentos, los quetzales.


Teniendo tantas cosas, mi humildad

no ha caído en barrancos altaneros

que provoquen su muerte, sin piedad.


Esto forma, lectores, mi fortuna,

la que no es aparente, sino es real,

la que obtuve mirando hacia la luna

y tocando el helado vendaval.


Yo poseo un tesoro en la pobreza

porque tengo un hermano y tengo un hijo

y a aquel que un día dijo: "la riqueza

sólo está donde existe el regocijo",


y también una lid contra el momento

que se va, como río cuesta abajo,

y la estrella tapada por el viento,


los reinos de Natura y Salamanca,

la campana que mece su badajo

y el hombre descubriendo la palanca.


Si poseo las lluvias de septiembre,

la tórrida naranja del estío,

los vientos alfareros de noviembre

y diciembre con bálsamos de frío.


Teniendo las alfombras del otoño,

el rubor de la nieve en los volcanes,

lo trémulo de un ósculo bisoño,

la hermosura fatal de los afanes,


de qué puede servirme la fortuna

o una clase social poblando nubes,

si no puedo bañarme con la luna,


para qué voy a ir tras la moneda

si mi exilian del cielo los querubes

y me pudro fundido con la seda.


Con la simplicidad de nuestra vida

pude ver el valor de lo trivial,

supe que la fortuna está tendida

en el río, en la jungla y el erial,


y el dinero genera los prejuicios

que infectan al humano de ambición,

y el dinero es causante de los vicios

que pudren el más noble corazón.


Por eso ofrendo a Dios mi gratitud:

por haberme brindado en cada instante,

de riquezas sencillas, un alud,


también por regalarme sensatez

y la dicha de hacer un desbordante

canto de poesía y sencillez.


Fecha: 08/11/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Salamá, Baja Verapaz, 2019

Pablo Bejarano en 2014


Cuando muere la esperanza

Si tú sintieras estas cosas bellas que siento cuando el sol se debilita, si tú también miraras las estrellas pensando que mi nombre ahí levi...