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Feria centenaria

I

En la tarde del siglo diecinueve

se vio por vez primera celebrar

la feria que besada por el mar

nos alegra y a veces nos conmueve.


Con ventas de cabeza de ganado

y corridas de toros y guateques,

con visitantes de Sacatepéquez

y Amatitlán estuvo rebosado 


el lugar. En el cielo la explosión 

de juegos pirotécnicos cantaba 

el día en que la gente celebraba

a nuestra Inmaculada Concepción.


Del último rincón de aquella villa

(hoy gran ciudad) los pobres y los ricos,

salían con instinto de pericos

a comentar la feria y la alegría.


II

El campo de la feria, ahora en día,

con los juegos mecánicos se viste

y lo que ayer nos parecía triste

se alegra al contemplar que va María 


en procesión sublime por las calles

dando su bendición inmaculada.

Hoy la feria presume engalanada

y adornada con todos sus detalles


sus ciento veinticinco años de historia,

sus ciento veinticinco años de fe

y devoción por lo que no se ve,

sus ciento veinticinco años de gloria


celebrados de forma singular

y honrrados por la voz de la cultura

con un certámen de literatura 

por el cual nos ponemos a cantar.


III

Los ciento veinticinco años de fiesta

ojalá se dupliquen o eternicen,

para que en el futuro se divisen 

los jóvenes bailado con la orquesta.


La feria que ha cambiado, cambiará,

pero la fe será siempre la misma

y la ciudad se vestirá de prisma

cuando la gente salga a celebrar.


¡Viva Escuintla y su feria centenaria!

¡Viva Escuintla y también la Concepción 

de María y esa gran celebración 

que es cada vez mejor y extraordinaria!


Mientras la gente exista el pueblo tierno

de Escuintla logrará estar unido

con la importancia de habitar un nido

en donde se honra aquel milagro eterno...


Fecha : 27/01/2017

Estructura: Cuarteto 

Premio: Primer lugar en los Juegos Florales de Escuintla, 2023 

Pablo Bejarano en 2023. 
Gala de premiación de los Juegos Florales de Escuintla.


Arte poética

I

Tres labios se cayeron de la rosa

desde que fuera escrita por Homero

la Ilíada en un hexámetro severo

para que se escuchara cadenciosa;


y dos desde plasmada la famosa

Eneida por el arte de un trovero

soñador y también aventurero,

que versó de manera melodiosa.


Ha siete largos siglos ya que Dante

viajó en el Inframundo por su amada,

por conseguir mirarla como amante.


Estas obras que duermen en la cima

de la literatura más preciada

son bellas por la métrica y la rima.


II

Lope de Vega, Góngora y Quevedo

que duermen en los brazos de la gloria,

entraron con sus versos en la historia 

escandiendo inspirados y sin miedo,


entendiendo que el arte del aedo

no pierde por la métrica victoria

ni es esto una razón de vanagloria

porque escandir es fácil para el dedo.


En el Siglo de Oro los poetas 

tuvieron con el metro libertad

para escribirle al viento y los cometas.


El calambur, la hipérbole y el quiasmo

no afectaron su inmensa habilidad

porque el "verso medido" es un pleonasmo.


III

Los Campos de Castilla de Machado,

el Volcán Momotombo de Darío,

la elegía de Buesa hacia el estío,

todo quedó en el verso encuadernado.


Los poetas sublimes del pasado

que en su mente llevaban blanco río 

de versos con libérrimo albedrío 

no dijeron "me siento encadenado".


Cantaron al amor, al mar cambiante,

a la flor en la tarde desmayada

y al sol apareciendo en el levante


y todos inventaron universos

fantásticos con psiquis inspirada

y midiendo con sílabas sus versos.


IV

Neruda, Miguel Ángel y Mistral

recibieron el Nobel con sus manos

por ser considerados artesanos

del verso y la pericia magistral,


por plasmar con bolígrafo triufal,

de su espíritu, todos los arcanos

en un marco de acentos parnasianos

que obedecen a un ritmo excepcional.


Si hubiesen practicado el verso libre

cuánto habrían perdido los lectores

porque Mujer con ojos de jengibre,


Sonetos de la muerte y el Poema

veinte nos faltarían, y las flores

llorarían también el anatema.


V

Tres mil años reinó en la poesía 

la métrica y sus ritmos culturales;

tres mil años y ahora los fatales

hados ponen en riesgo su porfía


con los falsos poetas que hoy en día 

escriben sus "poemas" coloquiales

alegando que son excepcionales,

que no es precisa ya la melodía.


Once lustros no pueden competir

con tres milenios donde todo el mundo

vio natural el arte de escandir.


Alguien que escribe prosa fracturada

no sabrá qué es estar meditabundo

en busca de la sílaba adecuada.


VI

Bardo del verso libre, yo te invito

a concebir la idea en dos cuartetos

y luego rematarla en los tercetos

con un lirismo bárbaro y bendito.


Si cumplieras un solo requisito

de todos los que exigen los sonetos,

ya nunca te verías en aprietos

si vuelve a interrogarte un erudito,


y luego si consigues darle vida

al zéjel, espinela o madrigal,

a la lira que canta conmovida


o a todas las estrofas, si es tu meta,

podrás decir al fin con voz triunfal:

conozco los trabajos del poeta.


Fecha: 24/07/2017

Estructura: Soneto clásico

Premios: Primer lugar en el Festival Nacional del Soneto de Santa Lucía Cotzumalguapa, 2017.

Pablo Bejarano en 2017. 
Gala de premiación del II Festival Nacional del Soneto,
Santa Lucía Cotzumalguapa.
En la fotografía los poetas Alfredo Morán Aguilar,
Carlos Barranco Rodríguez y Ronald Roduel Pérez García.




Esquipulas

En la tierra del oriente

donde el sol pasa cercano

cuando es tiempo de verano

y la vida está caliente, 

hay un astro sorprendente

que atesora una fortuna

más brillante que la luna

en su pecho alabastrino,

ahí llega el peregrino

a llorar una laguna.


Es el Cristo Negro y santo

esa luz que da consuelo

con sus lágrimas de cielo

y su pecho de amaranto

a la gente que en un canto

de esperanza y fe cristiana, 

de alegría cotidiana

(adiós, Cristo de Esquipulas)

dice adiós a Chiquimula

mientras habla la campana.


Cristo Negro, Cristo tierno

que en la cruz estás clavado,

siempre atiendes al llamado

de quien huye del Infierno,

que por culpa del gobierno

se ha mudado a la nación,

se ha mudado al corazón 

de la gente luchadora

que trabaja mientas llora

una nueva violación.


Esa nube adormecida 

con sus cuatro campanarios

ha escuchado los breviarios

que la gente estremecida

por tu carne malherida

y tu vista milagrosa

va a leer con amorosa

devoción ante tus pies

que conmueven al burgués

y a la sílfide andrajosa.


Es el pueblo donde anida 

tu escultura celestial

un lugar excepcional

que acrisola nuestra vida.

Es tu pueblo la güarida

de la fe guatemalteca

que se agranda en el azteca,

el catracho y cuscatleco

si se acercan por el eco

de la fe hasta tu meca.


Esquipulas es el valle

donde el cielo con su historia,

con sus santos y su gloria

se pasea por la calle.

En su templo hay un detalle

que humaniza lo divino,

es el Cristo campesino

(campesino por moreno)

que con rostro de dios bueno

tranquiliza al peregrino.


Ah, si el canto de mi mano

fuera digno de alabarte,

buscaría con el arte

lisonjearte, soberano.

Si pudiera el ser humano

como tú ser bondadoso

fuera menos el destrozo

que sufrió la Humanidad

y que vio tu santidad

con dolor calamitoso.


Caminando sin escala

y con tal de contemplar

tu hermosura en el altar

he viajado a Guatemala.

Es tu templo la antesala

del Edén, y ahí articulas

las plegarias que acumulas

desde el alma de tus fieles

que te imploran con claveles, 

Cristo Negro de Esquipulas.


Fecha: 21/05/2017

Estructura: Espinela

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales Trinacionales de Esquipulas en 2017

Pablo Bejarano en 2017.
Gala de premiación de los Juegos Florales Trinacionales de Esquipulas.





Volcán de Acatenango

¡Padre de los Volcanes, doble labio,

que hace tanto no causas un agravio!,

¡quién pudiera alcanzar tu magnitud

de ola inmensa, de inmenso y pétreo alud!


Al poniente, de oro por las tardes, 

es cuando de manera alguna ardes

ya que hace tanto tiempo que tu boca

no lanza más sus ósculos de roca.


Muchos volcanes dicen superar

tu altitud en niveles sobre la mar,

pero en cambio al medirlos por su base

ninguno existe que te sobrepase.


Padre de los Volcanes, doble beso,

¡quién pudiera imitar el embeleso

de tu cima cubierta por la nieve

en el mes cuando frío es lo que llueve!


Con el sol a la espalda, en los ocasos,

cuando la noche empieza a dar sus pasos,

ocultas lo cetrino de tu alfombra

y muestras tu figura en una sombra.


Es tu cráter, tan alto como el cielo,

quien al amanecer en este suelo

primero saborea las saetas

de un sol que nace como las violetas.


Es tu cráter, tan alto como luna,

que al caer el sol tiene la fortuna

de acariciar los últimos venablos

de un astro abandonado por los diablos.


Padre de los Volcanes, doble cuerno,

dios convertido en piedra, casi eterno,

solo existe un volcán sobre tu rango

y eres tú, oh volcán de Acatenango


Fecha: 05/02/2017

Estructura: Cuarteto de rima pareada

Premio: Segundo lugar en el concurso literario de San Cristóbal el Alto, 2020.

(compartido con otros dos poemas)

Pablo Bejarano en 2019.
Volcán de Acatenango.


Volcán de Agua

La silueta más cónica e imponente 

con millones de siglos a la espalda;

un gigante y boscoso continente 

que parece labrado en esmeralda.


Cual pirámide verde y sempiterna

nos altera el monótono horizonte

y su furia de fuego lleva interna

permitiendo que crezca libre el monte.


Ni el Mayón, Fujiyama o Chimborazo

consiguen superar su perfección

cuando adopta las llamas del ocaso

y acelera mi tenue corazón.


En su cráter hay sangre kaqchikel

y en su pié un espíritu español.

Es la forma más bella del vergel,

y se baña con nubes y con sol.


¡Oh volcán, centinela de mi vida,

he crecido admirando tu figura 

de quetzal que boyante está y anida

en el bello horizonte sin factura!


Cuando vengo de lejos y aparece 

como oleaje de piedra tu silueta,

el tapiz de mi cuerpo se estremece 

y me siento en mi casa de poeta.


Tú sostienes el cielo como fuerte

pedestal que no quiebra ni Sansón.

No conoces el verbo de la Muerte

ni te abruma la fuerza del ciclón.


Es entonces que veo la figura 

del Vesubio, Colima y Aconcagua

y que entiendo que nunca tu hermosura

lograrán superar, Volcán de Agua.


Fecha: 13/02/2016

Estructura: Serventesio

Premio: Segundo lugar en el concurso literario de San Cristóbal el Alto, 2020.

(compartido con otros dos poemas)

Pablo Bejarano en 2020.
Volcán de Acatenango, al fondo Volcán de Agua




La poesía

Estrellas que dan ritmo a los luceros

formadores de un verso bien medido,

musas que en nuestra mente dejan nido

y se van a viajar por lapiceros.


La rima que engalana los senderos

líricos del poema enardecido,

el soneto corriendo agradecido

por pupilas curiosas de troveros.


Coalición de vocales que pretenden

una métrica exacta en la elegía

cuando tristes las musas nos encienden.


Retórica de bella anatomía

y poetas que a veces nos comprenden,

es así la sublime poesía.


Es el ritmo sutil de la espinela

que con sus diez caminos de arenilla

convierte las palabras en arcilla

para crear figuras que empapela.


En madrigales el amor revela

y el ritmo en los acentos acaudilla.

Es también una mágica almohadilla

que borra la ignorancia en cada escuela.


Es la nube que viaja por el cielo

esférico del ojo intelectual

y gusta de leer algún anhelo.


Se escucha en el silencio sepulcral

por la voz de la mente en el desvelo.

La poesía es algo celestial.


A un sistema solar en el que orbitan

dos u ocho planetas con amor,

le dieron por llamar arte menor

aquellos eruditos que dormitan.


Y a la galaxia en la que siempre habitan

más de nueve luceros con fulgor

se le denominó arte mayor,

y ahora estos sonetos la ameritan.


Esa galaxia egregia se divide

en astros que son simples y compuestos,

¡ojalá su estructura no se olvide!,


pues debemos estar siempre dispuestos

a esta bella norma que coincide

con los versos perínclitos y enhiestos.


Es la exacta y perpetua geometría

escrita de los lirios y las rosas,

es el vuelo feliz que mariposas

presumen al volar con alegría.


Es una silenciosa algarabía

que guarda en el papel, entre otras cosas,

el sonido que en letras venturosas

esboza la más bella sinfonía.


Es río de emoción y de quimera

que desemboca en mares de cultura

y logra disipar cada frontera.


Cuando el bardo se va a la sepultura

perpetúa su alma aventurera

con arrecifes negros en la albura.


La poesía culta, y no libérrima

se salva de la arritmia universal.

Escandir cada sílaba es genial

si nuestra inspiración se torna ubérrima.


La poesía culta es una acérrima

clemátide que trepa la abismal

eternidad, su cuerpo celestial

adorna la vergüenza más paupérrima.


La poesía culta es de sonetos,

cuartetas, redondillas y pavanas

soleás, serventesios y tercetos.


Es ella nuestro sol en las mañanas,

un collar de elegantes alfabetos

que ornamenta las almas puritanas


No existen adjetivos para ella

pues la sublimidad es inefable

¿o cómo elucidar la incalculable

hermosura que viene de la estrella?


Solo sé que en los libros hoy destella

con glorias de un pasado memorable

y que en el porvenir incalculable

seguirá elegante, tenue y bella.


Y que no hay forma alguna de explicar

el amor, la ternura y la alegría

que ella siembra en el alma de un juglar...


Será poca cualquier alegoría

que mis manos consigan engendrar

para cantarte, amada poesía.


Fecha: 23/12/2015

Estructura: Soneto clásico 

Premio: Primer lugar en el Festival Nacional del Soneto, Santa Lucía Cotzumalguap, 2018

Pablo Bejarano en 2018.
Gala de Premiación del Festival Nacional del Soneto
Santa Lucía, Cotzumalguapa.




Perfume marchito

I

¿Adónde se marchó aquel encanto,

aquel complejo tuyo de amaranto?


¿Qué pasó con tu risa de platino 

y con ese vaivén que en el camino 

convierte la clemátide en espino

con la alquimia sutil de tu destino?


¿Adónde se marchó tu perfección 

y en qué se convirtió tu corazón?


¿Dime qué has conseguido con el llanto 

oculto tras un gesto marmolino?

¿Qué has hecho de mi triste inspiración?


II

Dime si alguna vez llegaste a amar,

si dejaste de ser número impar.


Dime si acaso es bueno ser perfecta

o si te trae bien ser la arquitecta 

de un mundo donde el cielo se proyecta 

como una fuente pura e insurrecta. 


Dime qué se sintió ser la escultura

que siendo majestuosa no perdura.


Dime de qué sirvió ser como el mar

y tu beldad translúcida, insurrecta,

si tu alma se marchita y te tortura.


III

¿A dónde se fugaron los complejos 

por los que idolatrabas los espejos?


Tu antigua condición de luz y estrella,

tu aspecto rutilante de centella

¿te salvará tal vez en la querella?

¿Te servirá si quieres dejar huella?


¿A dónde se marchó tu faz de flor 

que posee belleza sin amor?


¿Qué pasó con los hombres que perplejos 

alababan tu cuerpo de doncella 

y morían deseando tu candor?


IV

Ya ves que los encantos más bonitos 

son cedros que también quedan marchitos.


Ya ves que la beldad que se presume 

por intensa que sea se consume, 

ya ves que está marchito tu perfume 

y no hay huella que el tiempo no te sume.


Ya comprendes que el cuerpo es una reja 

que porta el corazón, no lo refleja


y que los embelesos son benditos 

solo si la virtud no se consume 

aun la piel se nuble y se haga vieja.


Fecha: 06/08/2015

Estructura: Rima jotabé 

Premio: Tercer lugar en el XIII Certamen Poético Internacional de Rima Jotabé, Valencia, España (2024)

Pablo Bejarano en 2016


Pulseras infinitas

Como perlas siderales

o halcones de plumas bellas,

las hechizantes estrellas

enamoran mis fanales.

Como fúlgidos rosales

adornan el firmamento,

porque son un yacimiento

de pulseras infinitas

que ornamentan nuestras cuitas

con su brillo en un momento.


Son esas luces viajeras

el tapiz de nuestra noche

y un infinito derroche

de figuras y quimeras.

Hay algunas pasajeras

que siempre cumplen mi anhelo,

mientras corren por el cielo

cual corcel descarrilado

que va dejando regado

un guardián para el desvelo.


Las estrellas son collar

que ornamenta al universo

y el vergel donde mi verso

llega siempre a declamar.

Se reflejan en la mar

y en los ojos de los vivos

que, aunque buscan adjetivos

para alabar su belleza,

les basta ver su terneza

para quedarse cautivos.


Una estrella y otra estrella

escoltan mis ilusiones

posándose en mis balcones

con su complejo de armella.

¿Es acaso la centella

un pedazo de lucero

o es la estrella algún jilguero

tapizado de fulgor

que ilumina con amor

mi grisáceo derrotero?


¿Serán estrellas cercanas

estas rosas y esas perlas?,

pues así yo puedo verlas

cuando empiezan las mañanas.

¿O serán rosas lejanas

las estrellas de diamante?,

pues adornan el levante

como cósmico jardín

que no conoce el confín

ni la edad agonizante.


Las estrellas del estío

que bailan en los paisajes

son efímeros tatuajes

sobre las aguas del río.

Son también el atavío

del cielo y de su misterio

y tan solo un hemisferio

nos presumen cada noche

como el eterno derroche

de su vasto y bello imperio.


!Ah, las estrellas eternas,

escoltas de los milenios,

intrigas de primigenios,

farolas de las cavernas!

Con sus lucecitas tiernas

enriquecen la pintura

del paisaje que figura

sumergirse en el mutismo

junto al colosal abismo

que es el cielo y su ternura...


Y yo no sé si al morir

mi psique se irá con ellas,

pero todas las estrellas

dentro de mí se han de ir,

para que puedan vivir 

en mis párpados tatuadas

y queden eternizadas

en el cielo de mi sueño

y yo pueda ser el dueño

de sus luces encantadas.


Fecha: 17/03/2015

Estructura: Espinela 

Premio: Segundo lugar en los juegos florales de Jalapa, 2017.

Pablo Bejarano en 2017, Jalapa.
En la foto aparecen Estuardo Sosa Urízar,
Pablo Bejarano y Alfredo Morán Aguilar (izquierda);
Aristides Bejarano, doña Flory de Gadea 
y Carlos Roldán (derecha).


Efigie introspectiva

Yo nací en el camino

con una pluma elocuente,

con un sueño intermitente

y mi alma de peregrino.


Con alas de colibrí,

con versos inusitados,

con sueños superdotados

y fanales de alelí.


Ahora me creo bardo,

pensador anacoreta

y en mis sueños de poeta

soy el lírico lunfardo.


Soy el albo plenilunio

que asesina lobreguez,

soy la efímera avidez

con que nace el mes de junio.


Soy el sol filibustero

en el mar de mi poema

y en el verde ecosistema

soy rapsoda y soy jilguero


Soy el pájaro viador

en las índigas quimeras

y eludiendo las fronteras

he aparcado en el amor.


Soy el fuerte pretoriano

en mi interna y larga guerra,

soy un cúmulo de tierra

naufragando en el océano.


Soy el río que alambica 

luz y almíbar para el mundo

y el epinicio jocundo

de un alma que no claudica.


Yo soy la musa estival

con silueta de grafema,

soy la vida del poema

y de un cuento medieval.


Yo soy el único otario

que desea que los vates

derroquen a los orates

y cambien de itinerario.


Soy un soñador egregio

y voy creando ilusiones

y con líricas canciones

lisonjeo un rostro regio.


Yo soy esa orfebrería 

que tendida sobre el cielo

va dorando algún anhelo

al final de cada día.


Yo soy la alquimia concreta

de confusos cromosomas

y me voy con los aromas

de la lluvia a la glorieta.


Soy todo lo que precisa

mi sueño de trovador,

un conato de cantor

y el color de la sonrisa.


Yo soy mi propio destino

sin saber a dónde voy

y ando feliz aunque soy

una piedra en el camino.


Soy el verso de mi pluma,

soy grafema y pesadumbre,

soy orgullo y mansedumbre

y el amor que nos abruma.


Fecha: 29/01/2014

Estructura: Redondilla 

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Estanzuela, Zacapa, 2018

Pablo Bejarano en 2018
Gala de Premiación de los Juegos Florales de Estanzuela 




Ayutla

En el umbral del universo azteca,

en el ocaso del planeta maya,

Dios inspecciona desde su atalaya

la más grande beldad guatemalteca.


En la vera del diáfano Suchiate

que reptando disgrega dos países,

un paraje de prístinos matices

acrecienta la ráfaga del vate.


En San Marcos se encuentra adormecida

y lleva el nombre de Tecún Umán

esta ciudad de gente conmovida.


Es un lugar de ocasos carmesí,

un reino con mañanas de azafrán

que embriaga, con dulzura, al colibrí.


El Naranjo da ósculos fluviales

al encanto de Ayutla en la frontera,

¡oh orgullo de la Eterna Primavera

que posee embelesos siderales!


La falange de fúlgidos luceros

que ha sido comandada por la luna,

constela cada noche la comuna

poblada por encantos lisonjeros.


Es Ayutla la puerta a la nación,

un pedazo de edén en este mundo,

la simiente sutil de mi ilusión.


Es Ayutla un océano de cristal

y posee el encanto rubicundo

de algún ecosistema celestial.


El nombre del caudillo nacional

corona su preciosa cabecera,

defiende a Guatemala en la frontera

con vigor aguerrido y ancestral.


Su nombre es el sumario de la historia

que dejara el pasado con la lid

donde murió el intrépido adalid

que su nación eterizó con gloria.


Es Ayutla la bella remembranza

del más bello y acérrimo guerrero

que sembrara en su tierra la esperanza.


Aquel que se enfrentara con la suerte

para hacer en nosotros hacedero

un camino mejor hacia la muerte.


Después del español y su perjuicio

la nombraron Ayutla por los motes

que indicaban que para los ayotes

poseía agro ubérrimo y propicio.


Ayutla es el pontón que cohesiona

el numen, el poema y la ilusión,

es Ayutla la pétrea inspiración

que todos mis renglones impresiona.


Es Ayutla el aljófar eminente

que alumbra cada noche y cada día

con todo su esplendor incandescente.


Es Ayutla el edénico aposento,

la musa con que muere mi elegía

y sube mi poema al firmamento.


Andar enteramente en el planeta,

caminar en Mompós o en Barcelona,

no es lo que me fascina y me emociona,

no es lo que me convierte en un poeta.


Porque en cada momento desearía

caminar hacia Ayutla inmaculada

y palpar esa tierra embalsamada

por cascadas de amor y de ambrosía.


Con nada es asequible cotejar

la beldad que en Ayutla se vislumbra

y es capaz de hacer poco cielo y mar.


Ayutla es un titánico diamante,

sol que disipa toda la penumbra

y me asesina cuando estoy distante.


Fecha: 05/01/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Ayutla, San Marcos, 2024

Pablo Bejarano en 2024,
Acto de premiación en Ayutla, San Marcos,
Aparecen en la foto,  de izquierda a derecha:
Ronald Roduel Pérez García,
Pablo Bejarano, 
Fidel Flores y
Arístides Bejarano 



Ciudad Vieja

Ciudad Vieja, en el rastro de tu historia

se esconde la verdad de Guatemala,

y en el volcán que viste de mengala

el eco recurrente de tu gloria.


Las nubes se adormecen con su albura

sobre el templo de rostro inmaculado,

y el viento que camina desbocado

acaricia tu regia arquitectura.


Si admiro tu corona de volcanes

siento cómo galopan en mis venas

los versos que jamás serán inanes.


Siento cómo, en el cráter de mis dedos,

van naciendo metáforas serenas

que nunca utilizaron los aedos.


En tus cerros, parchados por las siembras,

germina diariamente la hermosura,

y en las noches de amor y de ternura,

el triunfo de “tus machos y tus hembras”.


Por tus campos de verde inacabable

se transforma el sudor del campesino

en río que galopa peregrino

como siguiendo un mar inalcanzable.


Extasiado por verte, cada día,

siento cómo en los prados de mi mente,

va creciendo una flor de poesía,


y cómo en el turpial de mi garganta

cobra vida un poema refulgente

que al salir se eterniza y se agiganta.


Oh, ciudad peregrina de los años,

constructora de asombro en nuestros ojos,

no consiguió el pasado y sus despojos

desvanecer la gloria de tu antaño.


No ha podido el silencio más profundo

enmudecer la voz de tus tambores

que anuncian, arropados por olores,

el paso de un cortejo pudibundo.


No podrá ni París ni Barcelona

deslucir la prosapia colonial

que en tus muros antiguos se aprisiona.


Y no podrá la danza de los sismos

destrozar, de tu templo angelical,

la gloria, con sus nuevos cataclismos.


Oh Ciudad Vieja, prístina ciudad,

cómo no amar tus grandes tradiciones

si en tu feria y tus bellas procesiones

respiramos amor y santidad,


si al recitar los veinticuatro diablos

nos dejan enseñanzas perdurables,

y miramos efigies venerables

oyendo al feligrés, en sus retablos.


Ciudad Vieja, recuerdo permanente,

quiero hacerte un poema que sea digno

de ti y tu arquitectura sorprendente,


que diga lo que siento cuando veo

tu templo inmaculado y me persigno

pensando en el creyente y el ateo.


Mi ciudad de pretéritas usanzas,

mi terruño con calles de ajedrez,

mi existencia de antes y después,

mi oasis oscilante, por sus dazas.


Oh mi vieja ciudad, mi Ciudad Vieja,

adorno del quetzal adormecido

que teje con barrancos su vestido

en que el celaje entero se refleja.


Deseo dibujarte en mi canción

con tus bailes de diablos y venados

y con tu Inmaculada Concepción.


Porque también soy hijo de Hunapú,

porque observo en mis párpados cerrados

la misma historia que divisas tú.


Fecha: No registrada

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Primer lugar, juegos florales estudiantiles de Ciudad Vieja, 2025.

Pablo Bejarano en 2020
Parque Central de Ciudad Vieja 


Sangre de octubre

Yo traigo en las entrañas de mi ser

el cuerpo rutilante de la estrella

y la canción fugaz que la centella

entona cuando estamos por llover.


Yo traigo una mujer de piel astuta

que he desnudado introspectivamente

y traigo en los abismos de mi mente

un recuerdo feliz que siempre muta.


Traigo un antiguo y límpido color

con el que voy pintando, paso a paso,

un tramo más para mi triste vida,


una pirámide con esplendor,

y un sol que se desmaya en el ocaso

cuando la luna invade su guarida.


Yo, el hombre de cortejos y volcanes,

el de la catadura de poeta,

el que trae incrustada una saeta

dentro de un corazón ya sin afanes,


me veo extrañamente transitado

por la sangre que corre presurosa

entre mis venas con rubor de rosa

y entre mi corazón enamorado,


y me siento poblado por luceros,

por un lozano arbusto de albas flores

y un río de quimeras surrealistas,


por los rayos del sol, alabarderos,

por los días sangrando sinsabores

y un enjambre fatal de antagonistas.


Yo traigo agazapados en mis dedos

las falanges de versos que no he escrito

y traigo en mis palabras un proscrito

poema que revela nuestros miedos.


Yo traigo navegando en mis retinas

las montañas viajeras de la mar

y en mi alma que no sabe renunciar

los sueños de palomas peregrinas,


un naufragio de rimas siderales,

un éxodo de hormigas luchadoras

y los atlas fugaces bajo el sol,


un puñado de ocasos estivales,

mediodías que matan las auroras

y un mar en el sublime caracol.


Traigo el instinto tierno de ese perro

que se aleja de todo lo que quiere,

pues piensa que a sus amos ya no hiere 

si fenece marchándose al destierro.


Traigo en mi cuerpo el reino de Afrodita

y en mi mar el vigor de Poseidón,

en mis fanales el fulgor de Orión

y en mi fe al Jesús que resucita.


Yo traigo a la sutil Venus de Milo,

la leyenda gentil de Ixmucané

y el misterio infeliz de Xibalbá.


También traigo un estambre y un pistilo,

a Cabral, a Serrat —por quien canté—

y la historia genial de Alí Babá.


Traigo el eco, en mi voz, de mil poemas

que rompen los cristales del rencor

y en mi bolígrafo un caudal de amor

que unifica a Erato y los grafemas.


Traigo lo mágico de los luceros

que se juntan estando a gran distancia,

traigo de los claveles la fragancia,

y, de los tropos, todos sus esteros.


Tengo un páramo, un bosque y un estío,

a mi padre, mi madre, a un buen hermano

y el ensueño de todo trovador.


Yo traigo mi libérrimo albedrío

que grita por el pueblo americano

cegado por la hambruna y el dolor.


Traigo dentro en mi alma lo que amo:

un sueño que se aloja en Boyacá,

un espejo azulino en Sololá

y un lirio que es cortado sin reclamo.


En mí traigo el dolor de los expósitos,

lo vil del holocausto de Jesús,

un ósculo en la ausencia de la luz

y un año nuevo lleno de propósitos.


Yo traigo en mis adentros todo el mundo,

su belleza, su edén y sus cadenas

y la estera verdosa que lo cubre.


Traigo un alma y un sueño de errabundo,

y sobre todo traigo entre mis venas

un río en el que va sangre de octubre.


Fecha: No registrada

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Primer lugar en Juegos Florales de Estanzuela, Zacapa, 2024

Pablo Bejarano en 2015


Guatemala I

¡Salve, patria querida; salve, mi Guatemala!

Deseo que tu nombre vaya henchido de paz

junto a la libertad que no muere jamás

y vuela cual quetzal en la más alta escala.


Quiero hacer en tu nombre poéticas empresas

y defenderte siempre de internos enemigos,

donde sean mis versos los únicos testigos

de tus días de tedio, de llanto y de tristeza.


Deseo disipar la maldad que te abruma,

borrarla eternamente de todos tus recuerdos,

y tu paisaje, así, quede libre de bruma.


Deseo enviar mi luz al manto tenebroso

que ofusca tu belleza con tiranos y lerdos,

para mirar tu cuerpo de nuevo fulguroso.


Deseo, Guatemala, mi Guatemala amada,

curarte las tristezas del pobre corazón,

decir que malherida está mi inspiración

por ver sobre tu tierra la paz desbaratada.


Deseo, Guatemala, pelear como el guerrero

que la tristeza ajena le duele como suya,

y decirte "yo soy el soñador que arrulla

tu alegría en su pluma de quetzal y trovero".


Quiero decirte, Patria, que veo en tu bandera

una nube partiendo el celaje azulino,

sirviendo de corona para tu primavera.


Quiero decirte, Patria, que estás en mi pasado,

estás en mi presente y estás en mi destino

como huella de amor que se ha petrificado.


Tienes en tus volcanes la fuerza natural

que nos hace luchar, con todo nuestro empeño,

por alcanzar la gloria de realizar un sueño

libertario y volátil, como el verde quetzal.


Tienes en tu horizonte, distante y quebrantado,

la eternidad que calma la sed de mis retinas

y la fuerza incansable de manos campesinas

trabajando tu campo ubérrimo y sagrado.


En el cielo poblando tu zigzagueante mapa

un millar de banderas, en noble procesión,

venerando el septiembre que ya no se agazapa.


Posees en tus mares las olas de belleza

que llevan en su lomo toda la inspiración

de los bardos que cantan con profusa destreza.


Tus hermosas pirámides nos relatan la historia

extasiante y gloriosa de tu bello pasado,

y en tus piedras grisáceas y en tu muro tallado

podemos recordar tu esplendor y tu gloria.


En tus verdes y grandes y frescas cordilleras

que serpentean libres en tu espalda sutil,

es posible observar el perfecto perfil

que han tallado los siglos y han tallado las eras.


En tus pueblos, derroche de ocasos y güipiles,

que han sido coloreados con la hermosa pintura

de millones de flores y sufridos textiles,


veo, patria querida, mi verso alejandrino,

mi rima consonante y la blanca escultura

que adorna la mirada del viejo peregrino.


La rosa de mi musa pienso despetalar

para luego tejer un collar de palabras

que se pose en las piedras donde miras y labras

las estelas que son aptas para admirar.


Me llevaré el encanto del quetzal y los ríos

que recorren tu cuerpo armados de belleza, 

tomaré de tus aves su trino y su pureza

y gastaré mis ojos mirando tus estíos.


De tu ceiba hurtaré sus brazos y su arte

para abrazar el viento con idilio frondoso,

para abrazarte fuerte y nunca más soltarte,


y hurtaré del teclado de la vieja marimba,

el sonido silvestre, alegre y melodioso,

que ponga en tus oídos la voz de la guarimba.


Guatemala, planeta de encanto y de fortuna,

que anidas en el pecho del jilguero terrestre,

quiero ver la galaxia de tu encanto silvestre

retratando en su faz el rostro de la luna.


Guatemala, reflejo del Edén en la tierra,

que duermes en la bella corona de naciones,

quiero escuchar por siempre el río de canciones

nacido de lo verde y lo alto de tu sierra.


Guatemala, poema sin versos y con playas,

deseo recitar los versos de tus mares,

las rimas silenciosas de tus estelas mayas.


Oh, Guatemala, amor eterno de mi vida,

vida que hace perpetuo mi amor sin avatares,

te quiero con la anchura del verso sin medida.


Te quiero con la fuerza del valiente Tecún,

adalid eminente, adalid aguerrido,

te quiero con el verde y profundo sonido

de la cueva portátil que tiene adentro el tun.


Con la húmeda fe que alambica el invierno

y anuncia la Cuaresma y la Semana Santa,

te quiero de Iximché a Tikal y a la Danta,

de La Antigua barroca, al lago sempiterno.


Porque eres, Guatemala, perla de primavera,

la sucursal del cielo en el centro del mundo

y un madrigal escrito con voz de cordillera,


un prisma que destella fulgores y matices,

por eso entonaré con mi timbre jocundo

el canto ahora escrito, raíz de mis raíces.


Te ofrezco, Guatemala, mi poema campero

que adormece en sus letras el pesar melancólico

que padece tu pueblo de espíritu bucólico

cuando siembra y cosecha fiascos para su esmero.


Te ofrezco, Guatemala, mi numen, mi poema

y todas las metáforas que alaban a Natura, 

por haber colocado en tu suave figura

un soneto boscoso, grafema por grafema.


Te doy todos mis versos para que los coloques

donde pones los versos, regalos de tu hijo,

te doy mis ojos tristes para que te desboques


con toda tu belleza en ellos, patria mía;

te regalo mi vida, te doy mi regocijo,

tu nombre convertido en magia y poesía.


Fecha: 24/09/2014

Estructura: Soneto alejandrino

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Estanzuela, Zacapa, 2019

Poeta Pablo Bejarano
Pablo Bejarano en 2015,
Sumpango, Sacatepéquez. 


Sencillez

Tengo el recuerdo de la pluma extinta

que erupcionó un enjambre de poemas

y bordó con sublime y negra tinta

mi dolor, entre folios y grafemas.


Tengo dos cielos blancos habitados

con sueños convertidos en canción

y poseo sonetos coronados

con un brillo sutil de inspiración.


Yo le canto a la luna que en su viaje

desdibuja fronteras y rencores

mientras viste de brillos el paisaje,


al sangriento desmayo que en el cielo

inventa con las nubes nuevas flores

imitando el jardín de nuestro suelo.


No tengo una morada, sí un planeta,

tampoco tengo un techo, tengo un cielo,

que con brillo viajero de cometa

le dibuja pestañas al desvelo.


Poseo un arsenal de nuevas risas

que ayudan a salvarnos de maldades,

un conjunto de églogas concisas

que llenan mis silentes oquedades.


Dos perlas incrustadas en mi faz,

en mi boca un collar níveo de hadas

y en mi alma un río diáfano de paz.


Tengo fortunas y no tengo oro,

por eso mis ideas son sagradas

y escucho, de los ángeles, el coro.


Poseo el patrimonio más valioso

porque tengo personas a mi vera,

los versos de un poema primoroso

y un país de perpetua primavera.


Poseo un aeropuerto para musas

en mi mente que siempre está esperando

el río de las églogas profusas

siempre presentes cuando estoy llorando.


Tengo una bicicleta peregrina

que derroca a mi triste soledad

con su trotar de luna alabastrina


y también tres volcanes colosales,

la más grande y valiosa libertad

corriendo por mis venas a raudales.


Tengo muchos caminos por andar

descubriendo montañas, viendo el río,

observando los brazos de la mar

y los lirios lozanos del estío.


Tengo el pan necesario en las mañanas

para vencer la hambruna que me aqueja

forjado en las acérrimas entrañas

del padre que me adora y me aconseja,


las noches consagradas a mi vida

para leer los libros más preciados

que me dejan el alma estremecida,


también una ilusión de vano amor

que se nutre de llantos desbocados,

de angustia, de tristeza y de dolor.


Tengo el viento rozando mis cabellos,

las nubes como témperas de ocaso,

la sangre celestial de los plebeyos

y la alquimia final para el fracaso.


Tengo un desfile mágico de instantes

amorosos, felices y confusos,

un puñado de versos que boyantes

han quedado en mis páginas, reclusos.


Lo que tengo me da felicidad,

lo que me falta en cambio da ufanía,

por eso yo poseo libertad,


y por eso es que soy hombre dichoso,

porque encuentro a mi paso, cada día,

un paisaje perínclito y hermoso.


Tengo el sol con sus ríos incendiados,

los ríos con sus soles diluidos

que opacan los diamantes codiciados

y también los rubíes más queridos.


Si formo con las nubes romerías

que vuelan por el cielo con su gracia,

para qué quiero las bisuterías

si no traen más cosa que desgracia,


para qué los joyeles donde el oro

imitar no consigue al girasol

por mucho que lo intente, con decoro,


para qué las mansiones más suntuosas,

si voy a estar aislado como el sol,

alejado del mar y de las rosas.

 

Yo me rehúso a ser un prisionero,

ya no quiero vivir con fatuidad,

en un mundo repleto de dinero

donde todo es rencor y soledad.


Cuando hay cosas sencillas y complejas,

las complejas deslumbran la mirada,

porque ellas nos cautivan en las rejas

del oro, prometiendo que la amada


en nosotros pondrá sus ambiciones.

Yo tengo propagadas en mi mente

las rimas que entretejen ilusiones.


Poseo los consejos que he leído

en un libro de pasta casi ausente,

dichos por el maestro más querido.


Tengo un íngrimo y pulcro corazón

que dice, en clave morse, "sigo vivo", 

y alimenta mi musa y mi ilusión

y mata mi deseo subversivo.


Tengo el bosque poblado por horneros,

la pluma que ha bordado madrigales,

un conjunto de viejos cancioneros

imitando el trinar de los turpiales.


También tengo la mágica alegría,

superior a la muerte y la tristeza,

un estribillo eterno en la elegía,


los restos de mi vieja soledad,

un destello borroso en mi destreza

y todo lo que da tranquilidad.


Poseo dos cascadas sobre mí

cuando los sueños vanos se diluyen,

el Parnaso llamado baladí

por aquellos que símbolos no intuyen.


El viento fusilando mis ventanas,

la hojarasca que huérfana de vida

va cantando las penas cotidianas

del alma maltratada y abatida,


el correr de libérrimos ideales

que marchan por los mismos derroteros

donde vuelan, exentos, los quetzales.


Teniendo tantas cosas, mi humildad

no ha caído en barrancos altaneros

que provoquen su muerte, sin piedad.


Esto forma, lectores, mi fortuna,

la que no es aparente, sino es real,

la que obtuve mirando hacia la luna

y tocando el helado vendaval.


Yo poseo un tesoro en la pobreza

porque tengo un hermano y tengo un hijo

y a aquel que un día dijo: "la riqueza

sólo está donde existe el regocijo",


y también una lid contra el momento

que se va, como río cuesta abajo,

y la estrella tapada por el viento,


los reinos de Natura y Salamanca,

la campana que mece su badajo

y el hombre descubriendo la palanca.


Si poseo las lluvias de septiembre,

la tórrida naranja del estío,

los vientos alfareros de noviembre

y diciembre con bálsamos de frío.


Teniendo las alfombras del otoño,

el rubor de la nieve en los volcanes,

lo trémulo de un ósculo bisoño,

la hermosura fatal de los afanes,


de qué puede servirme la fortuna

o una clase social poblando nubes,

si no puedo bañarme con la luna,


para qué voy a ir tras la moneda

si mi exilian del cielo los querubes

y me pudro fundido con la seda.


Con la simplicidad de nuestra vida

pude ver el valor de lo trivial,

supe que la fortuna está tendida

en el río, en la jungla y el erial,


y el dinero genera los prejuicios

que infectan al humano de ambición,

y el dinero es causante de los vicios

que pudren el más noble corazón.


Por eso ofrendo a Dios mi gratitud:

por haberme brindado en cada instante,

de riquezas sencillas, un alud,


también por regalarme sensatez

y la dicha de hacer un desbordante

canto de poesía y sencillez.


Fecha: 08/11/2014

Estructura: Soneto de cuartetos independientes 

Premio: Segundo lugar en los Juegos Florales de Salamá, Baja Verapaz, 2019

Pablo Bejarano en 2014


Epístola del futuro

El Señor con sus manos de alfarero

edificó calladamente el mundo

que vuela por el Cosmos moribundo

cual si fuera galáctico jilguero.


A este callado y pálido viajero

de altos volcanes y de mar profundo,

le regalo mi cántico fecundo 

de numen imborrable y lisonjero.


¡Oh planeta, lunar de otro celaje!

Eras tú el paraíso, la morada

de la fauna sedienta de boscaje,


pero tus hijos como mercenarios

maltrataron tu faz inmaculada,

pensando únicamente en los erarios.


¿Qué sucedió con el inquieto mar

que edificaba dunas cristalinas

y reflejaba estrellas diamantinas

y le dictaba versos al juglar?


¿En dónde está el espejo que, sin par,

desdibujando nubes peregrinas

hizo fiestas boyantes para ondinas,

y bordó con los peces un collar?


¡Ah, mar, eterno canto inmaculado!

El hombre ha utilizado tu aposento

para lanzar sus sobras, y ha dejado


como sol sin ecúmene a tus peces

que perdieron el agua y el aliento

a pesar de los ruegos y las preces.


El glauco en profusión de los follajes

que se hallaba de pájaros repletos

y cual astros cetrinos y coquetos

adornaban la faz de los pasajes,


extinguióse al morirse los boscajes

que recuerdo escribiendo mis sonetos

y adornaron con ceibas y cafetos

la desértica piel de los paisajes,


porque les chamuscaron las pestañas,

como diría un hombre en su novela,

en donde reveló cosas extrañas.


Ah, mis árboles glaucos y lozanos,

su crepúsculo obscuro es la secuela

de los actos injustos e inhumanos.


Los ríos cristalinos y premiosos

que formaban acuosas procesiones

o quizás diluidas emociones

moviendo sus caudales primorosos,


ahora son sepelios tenebrosos 

por las diarias y negras poluciones

que tiñen con tristeza y decepciones

sus cabellos brillantes y copiosos.


Del sistema sanguíneo de la tierra

sólo quedan los cauces cual señales 

de la vida que muere por la guerra.


Quisiera vislumbrarlos nuevamente 

galopando con límpidos raudales

ajenos al humano impertinente.


El estandarte azul que presumía 

un collar infinito de bajeles,

no ha vuelto a presumirnos los joyeles 

con los que diariamente se vestía.


Cambió su vespertina orfebrería 

por el traje de smog que los pinceles 

del hombre van pintando con las hieles

derramadas y escritas, día a día.


¡Oh párpado celeste de la tierra!,

tú también sucumbiste ante el humano

que vive solamente por la guerra.


En ti también cayó la lobreguez

que te viste de tétrico pantano,

más hondo y más oscuro cada vez.


El viento que volaba presuroso

como el hálito efímero de Dios 

sintió en su ser la polución atroz 

que provocaba el hombre tenebroso.


Ahora el colibrí, sin alborozo,

como estrella perdida vuela en pos

de la luz que fugándose veloz

nos abisma en el cielo penumbroso,


porque el hombre mató de la Natura 

la bucólica estera primorosa

actuando como otario: sin cordura.


Y la tierra al perder el estoicismo,

perdió también los pétalos de rosa

y se hundió en el sopor del cataclismo.


Nuestro mundo es ahora otro Neptuno,

sin junglas, sin océanos ni animales;

no es nada como en tiempos ancestrales,

ya no existe el edén del siglo uno.


Aquel hermoso mundo, cual ninguno,

que tenía bellezas siderales,

padeció poluciones criminales

en el momento más inoportuno.


Los robots de intelecto sobrehumano,

los castillos que llegan a la luna,

junto al conocimiento cotidiano,


marchitan la belleza de la tierra,

y dejan a sus vástagos sin cuna,

en un mundo al que el óbito se aferra.


Quiero enviar a la gente inmaculada 

que aún habita límpido planeta

los versos moribundos del poeta

que vive en una tierra maltratada.


Enviar quiero mi epístola indignada

al ayer, cual mensaje de profeta,

para salvar el astro anacoreta

que en su tiempo no tiene maltratada


la cara de sublime paraíso,

porque no existe humano petulante

que gaste más allá de lo preciso.


Quiero mandar mi epístola pidiente

para ver el paisaje rutilante 

en su tiempo, en el nuestro, ¡eternamente!


Fecha: 07/05/2014

Estructura: Soneto 

Premio: Primer lugar en los Juegos Florales de La Democracia, Escuintla, 2018. (Compartido con otro poema)

Pablo Bejarano en 2014,
Santa Catarina Barahona. 


Imitando el pasado

Miedosas y esporádicas las aldeas rurales

lograron apartarse del hostil modernismo,

porque el hombre ambicioso, por epicureísmo,

edificó metrópolis sin paz, sin arrabales.


Las maldades del hombre, que fueron colosales,

pusieron el encono encima del altruismo

y el humano cayó allende el narcisismo

y se olvidó por siempre de los actos morales.


El hombre tejió llamas en todos los boscajes

y se bebió la mar en sorbos sorprendentes,

pintó color de plomo los dorados celajes


y declaró, por oro, cruentas conflagraciones

que trajeron suplicios perpetuos, inminentes,

en los inmaculados y blandos corazones.


Las mujeres vendieron su cuerpo en lenocinios

y fingieron amor vestido de añoranza.

En todas las ciudades veían como usanza

las muertes, los estupros, también los latrocinios.


El hombre perpetró atroces exterminios

contra la flora y fauna que daban esperanza

y ahora sólo quedan en nuestra remembranza

dibujando un pasado viudo de vaticinios.


Cometieron vejámenes y tuvieron furor

edificando así un atroz universo

do nadie recordaba la bondad y el pudor


y todo parecía un acre lupanar,

un infierno perpetuo, un castillo perverso,

al que la tiranía no pensaba abdicar.


Fue entonces que Natura y el Señor, indignados,

optaron por limpiar lo espantoso del mundo,

haciendo del humano un ángel pudibundo,

exento de sofismas y recuerdos malvados.


Hubo pocos humanos por ellos perdonados

al tener un espíritu que latía infecundo

de pensamientos malos y encono tremebundo 

que haría de este orbe, un orbe desgraciado.


Afloró nuevamente la vida primitiva

cuando se marchitó la ciudad inclemente 

gracias a la Natura de mano combativa


y a todos los humanos que habían subsistido

con la risa en los labios brillando nuevamente,

sin la modernidad que los había herido.


Las selvas constelaron de nuevo continentes

y los mares profusos nuevamente fluyeron,

los impolutos ríos con rapidez corrieron

por las glaucas estepas, con límpidos torrentes.


Los bellos animales vivieron adyacentes 

a las verdes montañas en donde guarecieron 

cuando los verdes árboles de nuevo florecieron

con sus frescos, acérrimos y lozanos simientes.


Todo fue otra vez un arrobante edén 

cuando el mundo vivió el hermoso reinicio

que lo hizo marchar por un novel andén.


El hombre botarete ya no reinaba más,

ahora gobernaba un cerebro propicio

que andaba de la mano del amor y la paz.


Pasó el tiempo y el hombre pudo retroceder,

dejando de vivir en completa anarquía,

ya no hizo del júbilo una horrible utopía

y la felicidad no dejó perecer.


Y todo nuestro mundo de nuevo pudo ser

el universo donde reinó la poesía,

la prosa cadenciosa y la filosofía 

para cantarle al viento, al río y la mujer.


Era conmovedor y tierno escudriñar 

el árbol como enseña de la bondad humana 

tiritando a lo lejos como oleaje de mar


y observar los océanos, bellos y acariciados

con manos transparentes de danza cotidiana 

provocando volcanes fugaces y azulados.


Era conmovedor ver cómo se acendraban

los nimbos y los cúmulos de rostro alabastrino

y poder percibir de las aves el trino

que viajaba, como ellas aleteando viajaban.


Ver los ríos premiosos cómo se deslizaban 

con figura de crótalo hermoso y peregrino

y ver que en el aljibe un viejo campesino

sentía que los sueños de nuevo regresaban.


El ambiente bucólico resultaba perfecto 

para cantarle al fin a la estrella coqueta

el sentimiento onírico de un anciano insurrecto


y escribirles parvadas tiernas de madrigales,

juntando el estro eterno del eterno poeta

a las ceibas, los cedros, los pinos y nogales.


El mundo caminaba rumbo a la perfección 

no había gente rica ni gente pobre había

porque lo que afloraba era filantropía 

en cada ser humano, en cada corazón.


Pero luego un inicuo y nocivo aluvión

de ideas inmorales y falsa valentía,

crearon en el hombre la atroz cicatería,

las ansias de poder, el alma de patrón


y el planeta tomó otra vez la tendencia

de aquella pervertida era de vejaciones

que por desobediente miró su decadencia


y ofendieron la muestra de amor y de bondad

que Dios les concedió, según sus intenciones,

para que abandonaran su inútil fatuidad.


Aunque la paz cetrina era la emperatriz 

de aquel inmaculado y sorprendente mundo,

el amor celestial, el amor pudibundo,

volvió a sentir dañada su bendita raíz.


El humano extravió su arcoíris feliz 

cuando su corazón volvióse a ver fecundo

por el comportamiento lacerante e inmundo

que cambió de la tierra el boyante cariz.


Hizo que las ciudades de inmensa latitud,

aquellas poseedoras de un áspero semblante,

resucitaran como grisáceo y pétreo alud


y que la tiranía en la psiquis humana

resurgiera también de forma semejante 

a la de la macabra era antediluviana.


Ahora, nuevamente, asesinan los ríos

y convierten las junglas en terribles eriales,

porque están construyendo ciudades colosales

igual que hace millones y millones de estíos.


Para satisfacer sus profusos hastíos

volvieron a cazar inermes animales

y emulan de esa forma los actos ancestrales

de aquellos hombres necios, inconscientes e impíos.


Dios, apesadumbrado y con llanto, vislumbra 

que cometiendo ahora los antiguos errores

la gente queda inmersa en su propia penumbra


y ve con ojos tristes que el mismo resultado 

de hace años opaca las aves y las flores

porque por la maldad la paz ha terminado.


Por eso es necesario, hermano, enderezar 

la mala dirección de este triste camino

que deja nuestro mundo ajado y mortecino,

sin selvas, sin oteros, sin vegas y sin mar.


Porque si la Natura decide castigar 

y conspirar unida al Monarca Divino

sufriremos también el trágico destino

que acabó con el hombre sediento de lucrar.


Vivamos armoniosos respetando a Natura,

sin guerras, sin encono entre amigos y hermanos 

obedeciendo siempre la voz de la cordura.


Quizás así acabemos con nuestro sufrimiento

o, al menos, descifremos los tétricos arcanos

de esta vida que dura lo que dura un momento.


Fecha: 29/11/2013

Estructura: Soneto alejandrino 

Premio: Primer lugar en los Juegos Florales de La Democracia, Escuintla, 2018. (Compartido con otro poema)

Pablo Bejarano en 2013


Cuando muere la esperanza

Si tú sintieras estas cosas bellas que siento cuando el sol se debilita, si tú también miraras las estrellas pensando que mi nombre ahí levi...