Endemia de suspiros

El amor es un encanto,

mas con los años expira

y triunfante se retira

después de dañarnos tanto.


El amor es sortilegio 

que se viste de bondad

para ocultar la maldad

tras su rostro suave y regio.


El amor es una rosa

y rápidamente florece,

así me gobierna y crece

en mis versos y en mi prosa.


Eterno no es el amor,

es tan solo un espejismo,

es un mágico eufemismo

para nombrar el dolor.


El amor es el corsario

que se roba la belleza,

es un fuego de tristeza

e incendia nuestro calvario.


Empieza como un fulgor

que en la noche nos alumbra, 

pero luego en la penumbra

nos rebosa de terror.


Nos revela los arcanos

al quitarse su disfraz

y lleva en su umbría faz

los encantos más profanos.


El amor es preferible 

verlo desde lontananza

para cuidar la esperanza

que se muestra susceptible.


Es belleza inevitable

que trae encono consigo,

es como nuestro enemigo,

es un ente detestable.


El amor es la utopía

entre el cielo y el infierno,

es estío y es invierno,

es silencio y poesía.


Es una endemia incurable

de suspiros con tristeza,

nos bloquea la cabeza

con su magia interminable.


Él no tiene plusvalía

como cree todo el mundo,

es un viento tremebundo

que sopla melancolía.


Nunca será realidad,

es un sueño pasajero

que se va como velero

henchido de libertad.


Es preciso ser astuto

para no caer en él

y llenar nuestro vergel

de penumbroso tributo.


A veces he presumido

que es una negra falacia 

y acarrea la desgracia

a nuestro pequeño nido,


porque con tantos enigmas

es encanto indescifrable 

y resulta inevitable 

que nos deje con estigmas.


Fecha: 2014

Estructura: Redondilla

Pablo Bejarano en 2014



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