Por el andén tranquilo caminaba,
todo era intrascendente y cotidiano,
pero ya tu silueta amenazaba
con embrujar la palma de mi mano.
Al ver que ibas llegando, sospechaba
que el intento de irme ya era en vano,
porque sentí en mi corazón de roca
un afán por la playa de tu boca.
Te vi en el horizonte navegando,
apareciendo como sol coqueto,
con la magia oscilante del balandro
que navega en el fúlgido alfabeto.
Viniste con tu aroma perfumando
las veredas impares del soneto
que nació cuando estuvo tu mirada
frente a mí, como sol de madrugada.
Caminabas distante y vanidosa,
tu pelo lentamente se movía
como la manecilla sigilosa
del reloj donde el tiempo detenía
su paso, y caminabas venturosa
como río que lleva poesía,
cuando tus ojos bellos penetraron
en mis ojos que así se enamoraron.
Conmigo desterraste tu ufanía
y me diste tu amor y tu ternura,
le diste a mi existencia plusvalía
y me alejaste al fin de la amargura,
te volviste el principio de mi día
con tu rostro dorado que fulgura
como llama de sol eternamente
en el paisaje claro de mi mente.
Después apareció la bendición
y juntos caminamos los senderos
rumbo a la gloria eterna y la ilusión,
porque son los caminos más austeros
los que ponen a prueba al corazón
con vallados hermosos y severos
que aparecen con forma de rival
frente al amante fiel y excepcional.
Aunque todo era mágico y tranquilo
y estábamos rodeados de luceros,
llegaron los problemas con su filo
a herir nuestros afanes más sinceros,
y hallaron en nosotros el asilo
que buscaron por todos los senderos
con intenciones de causar dolor
y de acabar por fin con el amor.
Cuando te fuiste, fui el anacoreta
que vive solitario y gemebundo,
porque dejaste ausencia en mi planeta
como barranco pérfido y profundo,
mi llanto fragmentado fue saeta
que lastimó mi corazón fecundo
e hizo germinar sobre mis cánticos
versos tristes, oscuros y románticos.
Fecha: 29/11/2013
Estructura: Octava real
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| Pablo Bejarano en 2013 |

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