Romería de olas

Cuando tuve abolida toda la inspiración 

en las regiones bajas del verso y la elegía,

observé la belleza cálida y sempiterna 

que exilió de mis manos la tétrica afonía.


Es el mar enigmático, increíble e ingente, 

el que maravilló mi jardín de ilusiones 

con su azur infinito y sus olas danzantes 

que en el rojo horizonte presumen sus pasiones.


Es el eterno mar con su baile incansable,

ese enorme desierto revestido de cielo,

el que erigió en mi alma un castillo de rimas

y también en mi ser el rostro del anhelo.


Es el sublime mar que infinito llenaba 

mi triste corazón con su canto de musas,

el que con sus efímeros e imponentes volcanes 

le brindaba a la playa sus caricias profusas.


Es el alabardero e indetenible mar

el que quedó tatuado en la piel de mi mente,

es el mar fragoroso con su canto de olas

el que maravilló mi ser adolescente.


Es el mar con su físico de firmamento trémulo

el que siempre llevaba en su fuerte resaca 

un galopar perfecto de peces y de espuma

y un terrible suspiro, cadáver de mi hamaca.


Es el sagrado mar el que siempre absorbía 

las silvestres lisonjas hechas por datileras 

al cálido compás que imponen los sirocos 

cuando vuelan felices en las blancas riveras.


Es el mar que invadió mi copioso silencio 

con el fuerte fragor que roba mis retinas 

el que logró saciar mis líricas hambrunas 

y deseos eternos de olas y de ondinas.


Océano sin omega, acuosa infinidad 

rebosante de enigmas y bellos hipocampos 

y ballenas que nadan cual navíos azules,

yo quiero regalarte la humildad de mi canto.


Quiero cantarte a ti, a tus olas viajeras,

a toda orfebrería derramada en tu faz

cada orto y ocaso de estíos y de otoños

con mi canto discreto de cariño y de paz.


Quiero en mi poesía relatar el asombro 

de verte fusilar las playas y los graos,

de verte edificar oleajes de ternura 

habitados de escualo, de linfa y bacalao.


Quisiera ver por siempre romerías de olas,

tu esmero por besar los labios de la luna

al subir la marea en noches estrelladas

dibujando una clara y sublime fortuna.


Quiero que me acaricies con tus besos fugaces 

de vientos y de espuma, de agua y de belleza,

que me hundan tus brazos allende Poseidón 

y me dejes besar sílfides y princesas. 


Quiero que tú gobiernes siempre mi poesía 

con orquestas de olas poblando mis oídos,

quiero tenerte en mí cual lágrima en los ojos

cual ave que dormita en la paz de los nidos.


Yo quiero verte siempre tatuado en mis retinas

cual besos de mujer y signos de poeta,

yo quiero que domine tus aguas mi balandro 

y el viento que te besa empuje mi veleta.


Mar, ingente ilusión diluida en el mundo,

corazón de los cielos palpitando en la tierra,

Dios te hizo cristalino para limpiar las almas

para cantar la paz más alto que la guerra.


Para que seas puerto de lluvia que naufraga

e impoluto reflejo de la luna argentina 

con fugaces pirámides que viajan sin descanso

transportando sirenas, hipocampos y ondinas.


Ah, mar, cantarte a ti parece estar de más 

pues te han forjado un mar de preciosas canciones,

por ello solo quiero ante ti musitar 

que conquistas los ojos, también los corazones.


Año: 2014

Estructura: Cuarteto imperfecto de versos alejandrinos

Pablo Bejarano en 2014




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