El año

En enero...

Locomotora rauda de este tren

que lleva tras de sí once vagones.

Aquí ven su final las vacaciones 

y las clases inician su vaivén.


Otra vez levitando en el andén 

los niños con gorjeo de gorriones,

y tiemblan de ansiedad los corazones 

añorando los días de Belén.


Otra vez en enero las promesas 

para vivir mejor el año nuevo

y otra vez amenazan las tristezas...


Cuesta arriba caminan el mancebo 

y el anciano que buscan las sorpresas 

del amor que ya viene de relevo. 


En febrero...

Entre cartas de amor viene febrero 

ataviado de globos y de rosas,

dando lugar a citas amorosas 

y a la efusividad de los tequiero.


Nuestro amigo se vuelve mensajero 

para pactar las citas venturosas 

que siembran en los ojos mariposas 

y sonrisas en cada derrotero.


Un dios va uniendo almas con su flecha 

y se queda sin flores el jardín.

Entre todas las fechas esta fecha,


que no posee playa ni confín,

como siempre, amatoria nos acecha

en compañía de San Valentín


En marzo...

Cuando se pone triste el carnaval 

en el tercer vagón del tren expreso 

la Cuaresma en el año hace su ingreso 

conmemorando algo excepcional.


(Hace ya dos milenios un erial 

vio a Jesús caminando en el proceso 

de ayunar provocando su deceso

y ganando una lucha universal).


El morado en las verdes jacarandas 

colorea el ambiente deslumbrante 

que armonizan imágenes y bandas...


Y cuando el mes se encuentra agonizante 

los templos atavían con bufandas

moradas su fachada alucinante.


En abril...

To-to-chin, to-to-chin tras los cortejos 

siempre fúnebres marchas van sonando 

y adelante los hombres incensando 

y en los flancos devotos y festejos.


Sobre los muebles fúlgidos y viejos 

colocan a Jesús que va cargando

una pesada cruz y va sudando 

sangre que es la razón de sus consejos.


To-to-chin, to-to-chin se marcha abril 

o tal vez se lo roban a Sabina

de una manera despiadada y vil.


Se despide del cielo la retina,

el plenilunio esconde su marfil 

y el sol en el cenit ya no calcina.


En mayo...

Cada madre se vuelve la mejor 

a los alegres ojos de su hijo

y entre tanta emoción y regocijo 

va formándose acérrimo el amor.


La tierra se perfuma en preticor 

y el invierno acercándose prolijo 

entreteje en el campo un acertijo 

de árboles lozanos y de flor.


Arriban no se miran las estrellas,

se ven entre las nubes, y mojadas,

descienden a marcarnos con sus huellas.


En medio de las íntimas moradas 

el sol está encerrado en las botellas 

y en los labios de todas las amadas.


En junio...

Todo mundo dispuesto a celebrar 

a dos entes sublimes del planeta

que maniobran con garbo la veleta 

de un barco que no sueña con el mar.


Todo mundo se presta para honrar 

a quien cura al fugaz analfabeta 

y al hombre que pasea en la glorieta

junto al niño que ha visto germinar.


Celebramos al padre y al maestro,

sorprendentes y fieles asesores 

que con la luz sagrada de su estro 


siembran entre los niños los valores 

que tuvieron otrora sus ancestros 

soñando fomentar tiempos mejores.


En julio...

Cuando julio se asoma al calendario 

con treinta y un soldados bicolores,

celebramos unidos los mejores 

seres que nos alegran el calvario,


con ellos es mejor itinerario

la vida que sembrada con amores 

nos descarga de amargos sinsabores 

y hace el mundo un lugar hospitalario.


Es así: celebramos al amigo,

hermano putativo e infalible 

que nos dice en la cuita "estoy contigo".


El ángel con dos alas invisibles 

que tiene la lealtad siempre consigo

y no es capaz de hacer cosas terribles.


En agosto...

Cuando en agosto se oscurece el cielo

los colores radiantes del estío

aparecen lanzando un desafío

a la lluvia y brindándonos consuelo,


se nos muestran con forma de pañuelo

que tremola en sublime desvarío

y es al ver la bandera que confío

en la patria y la forma del anhelo.


Entre invierno y bandera se envejece

el año que se acerca a su final

y entre charcas de lluvia nos parece


que otro mes de la época invernal

vestido con más gotas aparece

y empieza a celebrar un funeral.


En septiembre...

Ya se ven los desfiles escolares

con las bandas sonando por doquier

y al compás de un mojado atardecer

van jóvenes con teas estelares.


Ya la patria luciendo sus collares

blanquiazules, igual que una mujer,

se maquilla con charcas al llover

y se cubre de verdes peculiares.


Es septiembre y el himno se hace ahora

popular en las plazas del país,

es septiembre y la calle se decora


con enseñas y espigas de maíz

y en el alma chapina nos aflora

otro motivo para ser feliz.


En octubre...

Se despiden las lluvias y saluda

el suspiro veloz de fin de año,

todo la gente vive en el antaño

y algún árbol lozano se desnuda.


Es la luna de octubre, ya no hay duda, 

la más bella en su luz y su tamaño

y en el cielo es un mágico ermitaño

que a los bardos noctámbulos ayuda.


Entre brujas, fantasmas y memoria

abordamos el diáfano vagón

donde el tiempo prepara la victoria


sobre un año que muere sin razón.

Nuestros pasos se hunden en la historia

y lo muertos entonan su canción.


En noviembre...

El caballo del viento se desboca

en el cielo y eleva los cometas

que presumen sus trémulas coletas:

el viento es un caballo que se aloca.


A los difuntos tétricos evoca

la gente con claveles y violetas

y cruzan en el cielo, cual saetas,

barriletes que el viento ahí coloca.


En las mesas el fiambre esplendoroso

luce como mosaico de sabor 

que erupciona un aroma delicioso.


En noviembre las manos del Señor

empujan, con el viento presuroso,

las nubes que han cambiado de color.


En diciembre...

Llamado por la gente el mes divino,

entre hielo, lucitas y armonía,

mezclamos la nostalgia y la alegría

y acabamos de nuevo este camino.


Entre "coplas pletóricas" de vino

esperamos ansiosos por el día

en que nació la luz que alumbraría

de ricos y de pobres el destino.


Nochebuena es de paz, amor y luz

y otras estrellas pueblan nuestro cielo

en nombre de la Virgen y Jesús.


Pensamos nuevamente en el anhelo,

en dejar olvidada nuestra cruz

en el año que acaba y da consuelo.


Fecha: 05/01/2017 

Estructura: Soneto clásico 



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