Desearía secar esa lágrima triste
que a su rostro sublime con inviernos empaña,
y la luz del amor que en mis labios persiste
dirigir al celaje de su oscura mañana.
Continuar a su lado en las noches más duras
dibujando sonrisas como mágicas huellas
o trazando con sueños elegantes figuras
en el brillo antiquísimo de las nuevas estrellas.
Desearía volverme su alegría y su sueño
y contarle en las noches que es mi amor y quimera;
desearía cumplir el difícil diseño
de su amor verdadero y de su primavera.
No dejarla caer nunca más en tristeza
y llevarla en mis brazos al país Alegría,
demostrarle que usted confirma la destreza
de Dios cuando decide escribir poesía.
Conducirla al camino de inspiración eterna
al planeta perpetuo de ilusiones cumplidas,
y sacarla del llanto donde triste se averna
para darle la cura de todas sus heridas.
Yo quisiera escribirle los más altos poemas
y a la vez reforzarlos con acciones de amor
para al fin liberarla de aquellos anatemas
disfrazados de idilio, pero que son dolor.
Yo quisiera mirarla diariamente feliz
con la luna en los ojos y la noche en el pelo,
verla como la diosa de un único país
que se extiende en la tierra, en el mar y en el cielo.
Y no habrá quien lastime el nuevo corazón
que latiendo en su pecho tenga voz de diamante
para cantar el himno de magia e ilusión
para todos los tiempos y no solo un instante.
Fecha: 03/01/2016
Estructura: Serventesio alejandrino
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| Pablo Bejarano en 2016. Lago de Atitlán, Sololá. |








