Mercenario amor

Él te brinda su amor por epicureísmo

en un castillo lleno de hermosos oropeles;

yo te ofrezco mi vida basada en el altruismo

y un hogar con estrellas semejando dinteles.


Él te ofrece el desfile de la bisutería

para poder comprar tu mercenario amor;

yo te doy caravanas de humilde poesía

y tú me das tan sólo un jardín de dolor.


Él agranda tu orgullo brindándote dinero

y cubre tus fanales con el brillo del oro;

yo en las noches te bordo, como borda el trovero,

un collar de lisonjas y sueños con decoro.


Él sobre su automóvil, bello y estrafalario,

te transporta a galaxias y mundos de boato;

yo, con mis sueños tristes y mi triste calvario,

empiezo a acostumbrarme a mi cruel celibato…


Yo sé bien que mis versos son una verborragia

fatal, común y cursi que no logra vencer

la cruel, interminable y económica magia

que embaucó tus fanales preciosos de mujer.


Yo sé que el sentimiento mustio, atroz, calcinante

que nace en lo profundo de mi torpe ilusión,

ha de ser deslucido frente al pulcro diamante

que ha calmado, por fin, tu profusa ambición.


Que mi lóbrego amor con su arsenal de rosas

no podrá sostener una conflagración

contra él, su riqueza y las casas suntuosas

que logran deslumbrar tu avaro corazón.


Sé bien que todo amor siempre es avasallado

ante el dinero, el físico, ante la aristocracia,

y que el hombre amoroso nace y muere sellado

con el vil desamor y la eterna desgracia…


Aunque yo te regalo poemas efusivos

y te doy este amor que es probo y verdadero,

tus vilipendios son copiosos y nocivos

y marchitan mi risa y mi idilio sincero.


Aunque intento alumbrar tu penumbrosa alma

y vencer la avaricia que te da soledad,

continúa el dinero pudriéndote la calma,

llenándote la vida de encono y fatuidad.


Los rubios espejismos que te causa el dinero

dejan con afonía mi precaria elocuencia,

lastran eternamente las alas de mi esmero

y erigen en mi tálamo el cuerpo de tu ausencia.


Porque toda alegría creada por la plata

envilece el espíritu y el alma petrifica,

haciendo las sonrisas de fúlgida hojalata

que pregonan la vida de una persona rica…


Yo espero que algún día valores la simpleza

y sepas que ella brinda amores de verdad;

que llegues al país donde todo es pureza

y el amor puede dar luz y felicidad.


Que sepas que el dinero da cosas anodinas

y Cronos las maquilla con rostro macilento,

y que el amor nos da la horas peregrinas

que no tienen final ni tienen sufrimiento.


Que con tu lozanía también se irá el dinero

al mundo donde todo se convierte en pasado,

que vas labrando ya un futuro severo

después de malherir mi corazón cuitado…


Qué triste que la vida termine siendo así:

ver cómo vas en pos de un nimbo de dinero,

ver que nunca tus ojos atracarán en mí

y tampoco tendrás un amor verdadero.


Fecha: 2013

Estructura: Serventesio alejandrino

Pablo Bejarano en 2013

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