Como perla volátil y cetrina
que ingrávida se mueve por el viento,
una espada emplumada y peregrina
es tótem y es sublime monumento.
Su luz en esta tierra alabastrina
es guía para el héroe en su tormento;
vuela como sagrado epifonema,
por eso le dedico mi poema.
¡Oh quetzal, astro efímero y terrestre!,
me gusta tu mirada y tu linaje
y me gusta la túnica campestre
que anida en el color de tu plumaje;
eres arte pictórico y rupestre
y firmas con tu sombra mi celaje,
orbitas como luna terrenal,
eres códice, símbolo y nahual.
Cuando cruzas el cielo y las montañas
como fulgor de estrella y libertad,
como rayo de sol en las mañanas,
llenas de amor la vida y la verdad
y llenas de civismo las entrañas
del hombre de maíz; con tu beldad
haces blancas las negras decepciones
y trinas sobre todas las naciones.
Cuando sobre el escudo haces tu nido
floreces de fervor e independencia
y trazas con tus plumas el vestido
que cubre de civismo la conciencia;
cuando muestras tu pecho revestido
de ocasos, das un giro a la existencia
de esta patria que solo pide paz
para limpiar de lágrimas su faz.
Eres pascua volando por los cielos
y eres un grito sólido de guerra;
le das color a églogas y anhelos
y eres maíz fugado de la tierra;
por ti reboso todos mis desvelos
con el amor que el patriotismo encierra,
con los cantos de luz y soledad,
con los sueños que sueñan libertad.
Tu pecho es indecible filigrana
y tus alas quimeras montaraces,
tú eres la leyenda cotidiana
y vuelas por el cielo de mis frases;
tu vuelo es la figura soberana
de nuestro mapa y todos sus secuaces;
tu prosapia adornando el pabellón
es el latido de mi corazón.
Estás desde el biotopo y el escudo
dando clases de amor y libertad,
como prócer inquieto, pero mudo
que lucha por su tierra con lealtad.
Aun el talador lo deje viudo
extinguiendo sus bosques con maldad,
vuela con regocijo y ufanía
y escribe con sus alas poesía.
¡Ah quetzal!, eres grano de maíz
con alas tapizadas de esperanza;
arropas como nube a mi país
y fortificas todas las usanzas
que afianzan más y más nuestra raíz.
Eres anhelo y eres remembranza
y bastas para hacer que el talador
se rinda ante tu canto y tu color.
Quetzal, porque me eres tan querido,
cortaré del vergel de mi alegría
un racimo de versos e inspirado,
te daré lo mejor de mi poesía
y un símil donde quede eternizado
el paisaje que trazas día a día:
tu belleza en caída permanente
te da dos alas siendo una serpiente.
Quiero verte volar sobre los cielos
mostrando con tus alas libertad
y verte dirigir nuestros anhelos,
nuestro fervor y espiritualidad
y encontrar en tus alas el consuelo
para los que han sufrido iniquidad.
¡Oh, quetzal, eres perla incandescente,
eres dios, jeroglífico y serpiente!
Fecha: 10/04/2014
Estructura: Octava real
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| Pablo Bejarano en 2013 |