Estrellas que dan ritmo a los luceros
formadores de un verso bien medido,
musas que en nuestra mente dejan nido
y se van a viajar por lapiceros.
La rima que engalana los senderos
líricos del poema enardecido,
el soneto corriendo agradecido
por pupilas curiosas de troveros.
Coalición de vocales que pretenden
una métrica exacta en la elegía
cuando tristes las musas nos encienden.
Retórica de bella anatomía
y poetas que a veces nos comprenden,
es así la sublime poesía.
Es el ritmo sutil de la espinela
que con sus diez caminos de arenilla
convierte las palabras en arcilla
para crear figuras que empapela.
En madrigales el amor revela
y el ritmo en los acentos acaudilla.
Es también una mágica almohadilla
que borra la ignorancia en cada escuela.
Es la nube que viaja por el cielo
esférico del ojo intelectual
y gusta de leer algún anhelo.
Se escucha en el silencio sepulcral
por la voz de la mente en el desvelo.
La poesía es algo celestial.
A un sistema solar en el que orbitan
dos u ocho planetas con amor,
le dieron por llamar arte menor
aquellos eruditos que dormitan.
Y a la galaxia en la que siempre habitan
más de nueve luceros con fulgor
se le denominó arte mayor,
y ahora estos sonetos la ameritan.
Esa galaxia egregia se divide
en astros que son simples y compuestos,
¡ojalá su estructura no se olvide!,
pues debemos estar siempre dispuestos
a esta bella norma que coincide
con los versos perínclitos y enhiestos.
Es la exacta y perpetua geometría
escrita de los lirios y las rosas,
es el vuelo feliz que mariposas
presumen al volar con alegría.
Es una silenciosa algarabía
que guarda en el papel, entre otras cosas,
el sonido que en letras venturosas
esboza la más bella sinfonía.
Es río de emoción y de quimera
que desemboca en mares de cultura
y logra disipar cada frontera.
Cuando el bardo se va a la sepultura
perpetúa su alma aventurera
con arrecifes negros en la albura.
La poesía culta, y no libérrima
se salva de la arritmia universal.
Escandir cada sílaba es genial
si nuestra inspiración se torna ubérrima.
La poesía culta es una acérrima
clemátide que trepa la abismal
eternidad, su cuerpo celestial
adorna la vergüenza más paupérrima.
La poesía culta es de sonetos,
cuartetas, redondillas y pavanas
soleás, serventesios y tercetos.
Es ella nuestro sol en las mañanas,
un collar de elegantes alfabetos
que ornamenta las almas puritanas
No existen adjetivos para ella
pues la sublimidad es inefable
¿o cómo elucidar la incalculable
hermosura que viene de la estrella?
Solo sé que en los libros hoy destella
con glorias de un pasado memorable
y que en el porvenir incalculable
seguirá elegante, tenue y bella.
Y que no hay forma alguna de explicar
el amor, la ternura y la alegría
que ella siembra en el alma de un juglar...
Será poca cualquier alegoría
que mis manos consigan engendrar
para cantarte, amada poesía.
Fecha: 23/12/2015
Estructura: Soneto clásico
Premio: Primer lugar en el Festival Nacional del Soneto, Santa Lucía Cotzumalguap, 2018