Me pasé varios años persiguiendo tu rastro,
creyendo que el amor, igual que el ajedrez,
es cuestión de estrategia, y por esa sandez
mis labios no besaron tu rostro de alabastro.
Mi paciencia se vio doblegada tres veces
ante la agilidad de raudos jugadores
que tomaron tu amor como ramo de flores
antes de que se ajara entre llantos y preces.
Durante tantos años que pasé de estratega
planeado la conquista de tu tierna mirada,
tú, reina soñadora, quedaste enamorada
de un regio caballero con apariencia griega.
Y yo esperé paciente a que el amor fugaz
que en tu pecho vibraba se hiciera remembranza,
y cuando al pecho mío regresó la esperanza,
pude planear de nuevo cómo rozar tu faz.
Los años que pasé queriendo enamorarte
fueron los mismos que me hicieron comprender
que no podría nunca llamarte "mi mujer"
ni comentar contigo mi gusto por el arte.
Dispuesto a no aceptar el título de "amigo",
de confidente a veces, a veces de consuelo,
opté por emigrar en busca de otro anhelo,
de otra ilusión sublime, de otro sublime abrigo.
Los años de estrategia (tal vez de cobardía)
pasaron velozmente escuchando tu voz,
este mes de distancia, de distancia feroz,
ha pasado despacio como toda agonía.
Ahora ya no sé qué tiempo duele más:
si los años de espera hiriente e inacabable
o los días malditos de olvido inalcanzable
donde te busco, amada, te busco y ya no estás.
Estructura: Cuarteto alejandrino
![]() |
| Pablo Bejarano en 2018. |









