El bosque en su fiesta recuerda a Tecún
con alma aguerrida y con fuerza indiana,
con la sinfonía del quetzal y el tun,
con la voz brillante de cada mañana,
y la marimba cual jilguero,
le regala su canto al guerrero
en el alba del veinte de febrero.
Aquel adalid con fuerza silvestre
llevaba en sus venas ríos de valor,
llevaba su tierra de cariz campestre
y la proclamaba con patrio fervor.
Cuando en su tierra vio al tirano
demostró su valor sobrehumano
y su astucia de fuerte pretoriano.
Tuvo en su alma pura amor por la tierra,
valentía eterna y fidelidad;
con resignación declaró la guerra
para defender nuestra libertad;
dejó correr por sus caminos
el corcel de los sueños divinos
que guían a los viejos peregrinos.
Un pétreo relámpago opacó sus soles,
una lanza fiera eclipsó su vida;
germinaron pueblos de hombres españoles
en donde los mayas tuvieron guarida.
Murió luchando por su imperio,
intentando entender el misterio
por el que vio sangrar a su hemisferio.
Era el gran Tecún un príncipe fuerte,
un árbol lozano inmune al otoño,
paladín eterno sin miedo a la muerte,
del Imperio Maya estoico retoño,
insuperable monumento
de valor que, llegado el momento,
supo sobreponerse al sufrimiento.
Por eso, Tecún, deseo cantarte,
decirte que admiro tu valor indiano,
que en tu tierra verde no podrán borrarte
porque están latentes tu lanza y tu mano
al ver el pecho del quetzal
con el rojo brillante y triunfal
que recuerda tu sangre celestial.
Te recordaremos sempiternamente
y obtendremos fuerza de tu remembranza,
si se acerca alguien de manera hiriente
matando a tus hijos con impía lanza:
en el plumaje del quetzal,
en tu raza feroz e inmemorial,
¡te encontraremos, héroe nacional!
Fecha: 17/03/2015
Estructura: Pavana
| Pablo Bejarano en 2015 |






